En estos días en los que el sol es un bien más preciado, al gato de la casa se le ha dado por ponerse un poco más equilibrista que de costumbre. Anda por tapias y rejas con la seguridad de sus siete vidas, el aplomo propio de quien sabe que tiene vidas para tirar a la quila.
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Siete vidas
Rodrigo L. Ovejero
En verdad en ese asunto de la cantidad de vidas felinas hay dos posturas, una que sostiene siete en el cargador y otra, más generosa, que aumenta ese número a nueve. Voy a aventurar, con la seguridad de mi ignorancia, que la diferencia debe encontrarse en la traducción de algún dicho o creencia popular (del mismo modo en que Jason Vorhees mata los viernes en inglés y los martes en castellano). Pero en todo caso el asunto no es para tomárselo a la ligera, sobre todo si uno es un gato y ya va por el cuarto, quinto o sexto tropezón. Porque además a veces se puede hacer difícil para un gato llevar la cuenta de vidas gastadas. Por ejemplo, en el caso de Sam el insumergible, el famoso gato que saltaba de naufragio en naufragio durante la segunda guerra mundial. Uno podría pensar que cada barco hundido era una vida, pero quizás había alguna puerta salvadora flotando por ahí, y para Oscar –tal era el nombre verdadero de Sam- debió ser difícil llevar una cuenta cabal de sus chances. Quizás al final perdió la séptima en alguna actividad trivial como cruzar la calle, confiado en que todavía tenía fichas de sobra.
Los gatos no son los únicos animales en tener más de una vida. Víctor Sueiro, por ejemplo, tuvo dos (es muy curioso que tener dos vidas pueda resultar milagroso si son sucesivas y escandaloso si son simultáneas). En el caso de Sueiro fueron sucesivas, y lo más llamativo de todo fue que hizo de su resurrección un activo comercial. Escribió libros sobre el tema, participó de documentales y publicidades, encontró un filón en su escaramuza con la parca. Podría decirse que se ganó su segunda vida con la pérdida de la primera.
La primera muerte de Sueiro se produjo el 20 de junio de 1990, y duró un suspiro, aunque a él le haya parecido una eternidad. Concretamente, estuvo muerto durante cuarenta segundos. Un tiempo demasiado breve como para que llegue a algunas conclusiones sobre lo que hay detrás del gran velo, pero de todos modos se ve que no le gustó y volvió (no es una actividad muy popular morirse, no debe ser la gran cosa el más allá). Después de esa primera vez, tuvo una buena racha y se pasó los siguientes diecisiete años respirando como un campeón, hasta que el 13 de diciembre de 2007, demostrando que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, se volvió a morir. Hasta el momento, esta segunda muerte se ha mostrado más inflexible que la primera.