Pocas horas después de que la Justicia y la Policía identificaran al autor del robo al quincho del vicegobernador Rubén Dusso y recuperaran el botín, el piloto Enzo López rezongó porque los mismos operadores del sistema de seguridad no habían podido dar aún con una moto de alta gama cuyo robo había denunciado el 6 de enero.
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“Los mismos que encontraron los cubiertos del vice son los que no pueden encontrar mi moto”, se quejó en declaraciones radiales por la mañana.
López, quien había publicado en sus redes una foto de la moto, ofreciendo una recompensa a quien le diera información sobre su paradero, relató su peripecia.
“A las 4 de la mañana me golpea la puerta la Policía, que estaba el auto en la calle: ‘Me llevaron la moto, hermano’, le dije. Llamamos a Investigaciones, a la Judicial, fui a hacer la denuncia; el auto estaba en la calle, no lo toqué. Además me llevaron la llave, es un Hyundai y no se consigue así nomás. Me va a salir como 130 mil pesos”, comentó.
“Me llevaron la moto, el casco, dinero. Hay una cámara al frente que (muestra que) a las 11 y 4 minutos –en la noche- lo sacan empujando al auto. Son como 6 los que participaron en toda la logística. Están las cámaras de la esquina de mi casa y la (avenida) Juan Pablo Vera, que pasa la moto y otra moto más chica. En la Cerrajería Eduardo hay otra cámara. Al norte la llevaron a la moto, está para ahí. Ya me cansé de decirle a todo el mundo: a Investigaciones, a la Policía y no hay forma, no obtengo respuestas”, expresó.
Tras el descargo público, a la siesta ya había podido hallar y recuperar el rodado… por su propios medios.
Tal vez haya sido una extraordinaria casualidad, pero el episodio contribuye a entender por qué es tan baja la consideración social hacia la Justicia y la Policía. La perentoria eficacia para identificar a quienes robaron al Vicegobernador contrasta demasiado con la molicie y hasta indiferencia hacia quienes carecen de influencias.
La mayoría de quienes han sido víctimas de hechos de inseguridad se identificó con el sentimiento de inequidad que embargó a Enzo López, que logró recuperar su moto no por la acción de quienes debían darle respuestas, sino por las pistas que le dieron quienes respondieron su mensaje por las redes.
Es una situación que se reitera. Las víctimas muchas veces saben quienes los han atacado y lo informan a la Policía o los operadores judiciales, pero no pueden conseguir que les den respuestas satisfactorias. Incluso hay quienes realizan sus propias pesquisas para reunir elementos probatorios y hasta llegan a organizar, al detectar cierta sistematicidad en la conducta de los malhechores, emboscadas y convocan a las fuerzas de seguridad en la ingenua esperanza de que así lograrán algún tipo de reparación.
Nótese el nivel de detalle que tenía Enzo López sobre el robo del que fue víctima, de acuerdo a sus propias declaraciones: la cantidad de miembros de la pandilla, que se movían en dos motocicletas y hasta las cámaras que los podrían haber registrado.
Como frutilla del postre, aseguró que no pagó rescate por la moto. Simplemente la encontró estacionada en una vivienda ubicada en Maipú Norte durante un operativo de rastrillaje personal, se subió y se la llevó.
A Dusso, en cambio, le bastó denunciar el robo de una pala, una carretilla, una aspiradora, un motor de hormigonera y utensilios para que en cuestión de horas, a través de las cámaras de seguridad, el ilícito fuera esclarecido.
Podría tratarse de un caso afortunado, que al Vice justo le tocaran en suerte investigadores particularmente sagaces o empeñosos, pero vayan fiscales y policías a hacerle entender esto a los que padecen la inoperancia ¿Por qué al Vicegobernador tan rápido y al resto de los cristianos nada?
Habría que premiar a los que consiguieron capturar a los victimarios de Dusso en tiempo récord, ascenderlos tal vez. Sin dudas son cuadros destacadísimos del sistema provincial, que deberían servir de ejemplo al resto. No vaya a ser que alguien piense que hay servicios preferenciales.