viernes 12 de agosto de 2022

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Editorial

Ser hombre

Michel Natanel Verón es un militar que está internado con graves lesiones en la columna vertebral luego...

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13 de julio de 2022 - 00:10

Michel Natanel Verón es un militar que está internado con graves lesiones en la columna vertebral luego de un “bautismo” que le realizaron a él y a otros jóvenes que egresaron como cabos de la escuela militar. El hecho ocurrió en el Regimiento de Monte 30, en la provincia de Misiones, pocos días después de la muerte en otro “bautismo” del subteniente Matías Ezequiel Chirino, un joven de apenas 22 años al que sus compañeros y jefes del Grupo de Artillería Nº 3 del Ejército Argentino, en la unidad militar de Paso de los Libres, le obligaron a beber y comer de manera exagerada para luego arrojarlo a una pileta, donde murió ahogado por su propio vómito.

Estos “bautismos” son rituales de iniciación muy instalados en ámbitos de las Fuerzas Armadas y se caracterizan por reuniones donde abunda la violencia, los abusos y la humillación. Son ceremonias impregnadas de machismo en las que se identifica el “hacerse hombre” con soportar vejaciones de todo tipo, incluso sexuales.

Los destinatarios son, generalmente, los jóvenes que van escalando en la jerarquía militar, como antes, en la época del servicio militar obligatorio, los eran los conscriptos, a quienes se los apodaba “colimba”, por “corre”, “limpia” y “barre” o “baila”, las actividades principales a que eran obligados por sus superiores.

Habrá que recordar que, precisamente, el fin del servicio militar obligatorio en la Argentina se produjo luego de la muerte del soldado Omar Carrasco en un “baile” de iniciación acontecido en 1994 en el Grupo de Artillería 161 del Ejército Argentino, en Zapala, Neuquén.

Pero este tipo de “bautismos” no son patrimonio exclusivo del ámbito militar. También son comunes, aunque seguramente sin la violencia que se observa en el ambiente castrense, en el mundo del deporte. Agustín Pichot, ex capitán de Los Pumas, dijo en una entrevista que “el rugby naturalizó muchas cosas que estaban mal” y mencionó como ejemplo “que te muerdan hasta que no te puedas sentar”. Otro exrugbier, Julián Princic, publicó hace un par de años un hilo en Twitter en el que sostuvo que, en esa disciplina deportiva, “los bautismos son rituales para forjar la personalidad. O al menos eso se cree. Yo vi con mis propios ojos abusos como palizas atroces a chicos desnudos y objetos metidos en el culo. Rehusarse no es opción porque el castigo será peor”.

También hay testimonios de exdeportistas respecto de “bautismos” en fútbol, vóley, hockey y handball.

Respecto de los últimos casos de “bautismos” militares, el ministro de Defensa, Jorge Taiana, anunció que se van a prohibir, lo cual es una admisión de que siempre se los toleró, o se hizo la vista gorda de los excesos cometidos. Lástima que hubo que esperar a que ocurran dos casos graves –uno incluso fatal- para que se adopte esta decisión. Para los demás rituales de iniciación, cuya prohibición excede la competencia gubernamental, lo que se necesita es un cambio cultural: debe comprenderse que ser hombre es una cosa muy distinta a la resistencia que un sujeto exhibe respecto de abusos, vejaciones y humillaciones.

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