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Editorial

Sectas: espanto y asombro

24 de agosto de 2022 - 01:10

En las últimas semanas salieron a la luz detalles respecto del funcionamiento de lo que se denomina la “secta de Villa Crespo”, una organización delictiva que es investigada por la Justicia por los delitos de trata de personas con fines de reducción a la servidumbre y ejercicio ilegal de la medicina, entre otros. Las actividades criminales de este grupo son escalofriantes. La misma sensación, mezcla de espanto y asombro, ocurre cada vez que se revelan las actividades de organizaciones de estas características, al tiempo que surgen interrogantes respecto de cómo puede ser que caigan en sus garras tantas personas sin que muchas veces sean conscientes de la situación que padecen, que sigan ciegamente a un líder y que, en la mayoría de los casos, se desprendan de bienes propios para donárselos a la organización, que es como decir que los ceden a la persona que conduce la secta.

Si bien es común vincular a las sectas con grupos religiosos, a veces la actividad principal de este tipo de organizaciones no se relaciona con un culto. En el caso de la secta de Villa Crespo, la fachada era una escuela de yoga. Son grupos que utilizan la manipulación y la coerción para captar y retener incautos.

Alfredo Silletta, periodista dedicado a investigar a estas organizaciones y autor del libro “Shopping Espiritual. Las sectas al desnudo”, revela que existen tres fases en la captación de estos grupos a personas incautas. En la primera se acercan “a aquellas personas que están viviendo momentos difíciles” y crean una relación personal con el nuevo adepto para ganar su confianza. En la segunda, dice Silleta, el nuevo miembro “asiste al grupo donde lo hacen sentir único, todos lo halagan, le muestran su gran interés en su bienestar y en ayudar a toda la humanidad” y comienza a incorporar todas las costumbres y prácticas del grupo. En la tercera, finalmente, hay una profundización del adoctrinamiento con un control estricto de sus actividades, impidiendo de esa manera que se vaya de la organización.

La incapacidad de advertir la realidad es causa de que los integrantes se alejen de sus amigos y familia, y que incluso sean víctimas de abuso de todo tipo sin que, salvo pocas excepciones, decidan denunciar el hecho o salir del grupo. El fenómeno se explica por una fuerte dependencia psicológica. Hay perfiles de personas que, por características propias o por situaciones coyunturales como problemas personales o familiares, enfermedades, aislamiento social, problemas laborales o crisis existenciales que propician búsquedas espirituales, son más vulnerables que otras. Advertir estas debilidades es clave para prevenir el ingreso de personas del entorno afectivo a sectas o para detectar que ya están siendo víctimas de una manipulación que trae inevitablemente consecuencias.

Estar atentos a situaciones que pueden pasar inadvertidas para las víctimas, cuya capacidad de razonamiento está, como se dijo, disminuida, es muy importante. Denunciar a tiempo evitará que las organizaciones mencionadas continúen reclutando incautos y extendiendo sus redes y su poder peligrosamente.n

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