miércoles 1 de abril de 2026
El Mirador Político

Se agota el insumo mesiánico

En el colapso del gas y la acumulación de alimentos destinados a la asistencia social en los depósitos de Capital Humano se condensaron las fallas endémicas de una gestión unidimensional, circunscripta a dibujar superávits financieros para solventar la jactancia del “ajuste más grande de la historia mundial”.

La mala praxis y sus costos verificaron que el Gobierno descansa solamente en la extraña fascinación que Javier Milei ejerce sobre una gran parte del público y su eficacia para mantener respirando esperanzas aunque la recesión estrague el tejido social.

Este elemento se potencia debido a que todavía no ha sido necesario confrontarlo con antagonistas sólidos de un campo opositor diezmado por el desprestigio, pero a esta altura es evidente que el Estado, esa “organización criminal”, demanda un gerenciamiento acorde a la complejidad de su composición y dinámica.

El corte del suministro del gas a las estaciones de servicio y la industria, presagio de un invierno difícil, y las toneladas de alimentos acopiadas mientras el programa económico extiende la pobreza, el desempleo y la informalidad, fueron los emergentes más nítidos de la parálisis estatal. A ellos se superpusieron los espasmos de la interna libertaria que eyectaron a Nicolás Posse de la Jefatura de Gabinete. El episodio descubrió un equipo agusanado por las intrigas.

Las divergencias con el eje de poder que conforman Karina Milei y Santiago Caputo detonaron la salida de Posse, a quien se le imputan operaciones de espionaje incluso con la hermana del Presidente como blanco. Esta motivación, diseminada por trascendidos aderezados con sospechas de corruptelas, le permite a la administración libertaria disimular otra, más importante: la inoperancia del gabinete que Posse capitaneaba y el menesteroso resultado de su gestión en términos estrictamente políticos.

Resultados menesterosos

El orden libertario lleva seis meses y no ha podido construir una sola base de sustentación alternativa para apuntalar el carisma de Milei en caso de turbulencias.

La vulnerabilidad oficialista es cada vez más ostensible y la demanda social comienza a cambiar.

El temor al desempleo crece y la ansiedad por controlar la inflación se modera. El costo del ajuste abandona el terreno de lo abstracto. Casi 300 mil cuentas sueldo se cerraron desde el inicio de la era libertaria.

El insumo del mesianismo se agota y el Gobierno asume que necesita otras plataformas para tratar de afirmarse.

Por eso Guillermo Francos reemplaza a Posse en la Jefatura de Gabinete, empoderado.

Es el único integrante del elenco libertario que forjó relaciones sensatas con un ecosistema político sometido a denigración sistemática por parte del Presidente. Ese mérito lo constituye en el único en condiciones de recomponer los muy perjudicados vínculos entre el oficialismo y sus antagonistas.

Como Jefe de ministros retiene las prerrogativas de ministro del Interior, lo que significa que enfila las facultades para honrar sin intermediarios los compromisos típicos de la cartera política con las no menos típicas “efectividades conducentes” del presupuesto nacional, que la Presidencia administra con tacañería.

Asumirá mañana lunes, pero las posibilidades virtuosas de este diseño comenzaron a insinuarse ya, con la lubricación de las tratativas para la Ley Bases en el Senado y una concurrencia de gobernadores y funcionarios provinciales a los despachos de la Casa Rosada que incluyó a Gabriel Katopodis, ministro de obras públicas del denostado gobernador bonaerense Axel Kicillof.

Francos debe maniobrar en un teatro de operaciones inédito, que Milei recién se decide a abordar a seis meses de su asunción, condicionado por las frustraciones.

El épico Pacto de Mayo es superfluo. Ya se ha celebrado, sin fanfarrias, tramado en torno al tratamiento de la Ley de Bases.

Parlamentarismo “sui generis”

El proceso electoral del año pasado arrojó un gobierno parlamentario “sui generis”, informal, que fue configurando su morfología sobre la marcha, a tientas: un Presidente que adquirió el consenso del 56% en segunda vuelta, acotado por los resultados legislativos de la primera, que no le entregaron ni siquiera el tercio de la representación en el Congreso a su facción.

Milei consumió el primer tramo de su mandato en tratar de ahormar a su voluntad un Parlamento reticente, que resistió los embates y consiguió finalmente arraigarse como pieza central del juego institucional.

La Ley Bases, aún en trámite, es el fruto de esa novedosa lógica.

Hiperjibarizada, sometida a cambios profundos, está muy lejos del mamotreto de más de 600 artículos pergeñado con ambicioso aliento refundacional.

Es la contraparte que equilibra la intransigencia retórica libertaria y por eso carece ya de la contundencia política que el Gobierno pretendía darle.

Representa la resignación. De Milei, que debe tragarse el sapo de los límites a su arbitrio, pero también de un sistema político maneado por el descrédito y la balcanización para neutralizar la gravitación emocional que el Presidente tiene sobre la sociedad.

El ingreso al gabinete de Federico Sturzenegger, ideólogo de la Ley Bases, apunta a sostener frente a la opinión pública la médula del rupturismo libertario. Francos es el realista puente hacia la casta, que corona el repliegue a la mesura que Milei planteó en su discurso del 25 de Mayo en Córdoba.

En el fondo, se trata de la paulatina configuración de lo que el mundo le exige al Milei mientras celebra y aprovecha sus dislates: un orden, coordenadas de previsibilidad.

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