domingo 7 de abril de 2024
Cara y Cruz

Sabotaje autoinfligido

El sufrimiento al que se ve sometida la sociedad argentina debido al shock de ajuste aplicado por el presidente Javier Milei demanda un debate político de mayor calado que el desparramo de improperios por redes sociales y la creatividad para acuñar motes presuntamente jocosos y chicanas.

Milei calculó ayer que podría esperarse un rebote de la economía recién para mayo o junio y que marzo y abril serán los meses “más duros”.

Las penurias de diciembre, enero y febrero han sido de tal modo un precalentamiento. La Argentina aún no ha ingresado en el desierto purificador.

De acuerdo a un trabajo de la Universidad Di Tella, debido a la devaluación y el salto del valor de la canasta básica se agregaron 3,6 millones de nuevos pobres en los últimos tres meses, fundamentalmente provenientes de la clase media profesional y asalariada. La pobreza subió del 38,5% del tercer trimestre del año pasado, al 46,3% en el cuarto. Un aumento de 7,8 puntos, con su pico de aceleración en diciembre, primer mes de la gestión libertaria.

La proyección para enero es del 46,8%. Equivale a 21,8 millones de pobres si se proyecta esa tasa a todo el país, incluyendo la población rural.

Los datos del INDEC marcan que la canasta de pobreza aumentó en el cuarto trimestre de 2023 un 72,9%, con un 27% en diciembre, tras la devaluación del peso. Durante todo 2023, el aumento de la línea de pobreza fue del 225,1% versus una inflación promedio del 211,4%.

En enero, la canasta de pobreza para una persona adulta fue de $ 193.146 y para una familia tipo de $ 596.823, sin considerar el alquiler.

Mientras esta brutal escalada de pauperización se despliega, el Presidente desfinancia a las provincias, dinamita cualquier vector de acuerdo político y dedica la mayor parte de sus esfuerzos a pelearse con la artista Lali Espósito.

El mandatario celebra que la Argentina esté diezmada porque, de acuerdo a su construcción teórica, llegar al fondo es indispensable.

Se envanece Milei de no haber mentido en campaña porque anunció que ejecutaría el ajuste y que no tenía ni tiempo ni plata para evitar el shock.

Sin embargo, no es “la casta” la que lo está padeciendo, sino las clases medias y los pobres. O sea: mintió, porque no fue ese el contrato electoral.

El programa de Milei parece reducirse a la generación de medidas efectistas para tratar de disimular con pirotecnia la hecatombe social.

Si podía terminar por decreto con los fondos fiduciarios que para él son “cajas negras” de la política ¿por qué se apresta a hacerlo recién ahora?

Lo mismo puede decirse de las cajas de las obras sociales que pretende arrebatarles a los sindicatos con la desregulación del sistema.

La fundacional Ley Ómnibus fue una enorme pérdida de tiempo que no desenmascaró, como él supone, a quienes se oponen al cambio, sino que reveló la improvisación de sus equipos, al mismo tiempo que exacerbó la fragmentación de la escena política y acentuó su aislamiento al dañar las relaciones y la confianza con los actores y sectores dispuestos a respaldarlo.

Es un caso de sabotaje autoinfligido notable, al que no pueden encontrársele más explicaciones que su mesianismo.

La gravedad de la situación social exige otro tipo de actitud. Es un desafío a la creatividad política que interpela principalmente al Jefe de Estado.

Con las particularidades del proceso electoral, se consagró con el 56% de los votos. Es un volumen considerable, que espera que el elegido honre la confianza depositada en él en terrenos más arduos que las batallas por Twitter.

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