miércoles 1 de abril de 2026
Algo en que pensar mientras lavamos los platos

Romper el hielo

Por Rodrigo L. Ovejero.

En la próxima fiesta a la que concurra se encontrará con una persona cuya mirada le hablará de sueños perdidos, de ilusiones en vuelo, de promesas, en fin, de amor. Y usted se acercará y romperá el hielo con la furia y la belleza del desmoronamiento de un glaciar al decirle, en un tono misterioso y sugerente: "¿Sabías que los humanos consumimos casi un kilo de insectos por año?"

En efecto, la frase que le acabo de revelar no solo tiene el mérito de ser inesperada, sino que además es un dato real. Por distintos motivos, una persona se traga casi un kilo de insectos al año, y esto sin considerar las metáforas que aluden a la condición física desfavorecida de algunas personas. Por lo tanto, resulta imperativo utilizar este dato a nuestro favor. Si en un período de trescientos sesenta y cinco días vamos a ingerir fragmentos de insectos y alguno que otro por completo, que esa ingesta sirva para algo.

Romper el hielo, en el sentido de abrir una conversación entre desconocidos, es una actividad que tiene su etiqueta, sus modos sugeridos. Es por ello que arrancar una charla con un dato por el estilo es una jugada de vanguardia, y la vanguardia tiene sus riesgos. Por supuesto que resulta mucho más seguro jugar con la ventaja probada de los comentarios con respecto al clima o el devenir de la fiesta, las estadísticas indican una clara ventaja de aceptación social a quienes se quejan del calor o admiran los centros de mesa, antes que quienes informan el promedio de ingesta anual de insectos, pero tengo fe en que esta tendencia empezará a revertirse pronto.

Esta manera de romper el hielo tiene además la virtud de la perdurabilidad. A lo largo de la vida de una persona miles de otras personas le hablarán, y todas lo harán con fórmulas conservadoras y de eficacia comprobada, por lo cual esas palabras se sumarán a un océano en el que todas serán indistinguibles. Pero entre todas ellas resaltarán las que hayan referido a la ingesta anual de insectos, por insólitas y sorprendentes. Quizás solo sirvan para que en alguna reunión dentro de muchos años esa persona se ría junto a sus amistades, recordando la ocasión en la que un extraño le informó acerca del kilo de insectos, pero no descartemos que se conviertan en el inicio de una gran historia de amor.

Por si acaso algún lector o lectora decide utilizar esta estrategia, agradecería de todo corazón me refieran el éxito o el fracaso posterior. No acepto reclamos por desatinos y si, en cambio, todo tipo de honores por resultados venturosos. Jamás se me ha dado bien la poesía, pero tengo el presentimiento de que esta columna, a su manera tosca y accidental, puede ayudar a la gente a encontrar el amor. Recuerden estas palabras en caso de buena fortuna, pero si el resultado no es el esperado recurran a Neruda y su consuelo: “Puedo ingerir los insectos más tristes esta noche…”.

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