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Editorial

Reivindicación de Güemes

Más de dos siglos después de su muerte, Martín Miguel de Güemes es destinatario recién de su...

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18 de junio de 2022 - 00:25

Más de dos siglos después de su muerte, Martín Miguel de Güemes es destinatario recién de su reivindicación histórica como figura trascendente en el proceso libertador de América del Sur. Marginada su figura de los panteones de la historia oficial durante mucho tiempo, una ardua tarea revisionista impulsada en buena parte por historiadores de su Salta natal pero bien recibida también por otros investigadores de importancia nacional y con una visión crítica de la lectura tradicional de los hechos, hoy empieza a ser considerado, junto con los nunca discutidos José de San Martín y Manuel Belgrano como un “Padre de la Patria”. Tal reconocimiento se funda en su aporte estratégico a las luchas independentistas: junto con Belgrano defendieron la frontera norte mientras San Martín liberaba Chile y Perú en su campaña bordeando el Océano Pacífico.

El menosprecio al legado de Güemes, que fue el primer gobernador elegido por el voto popular en la Argentina, tiene razones variadas, pero se enmarca, por un lado, en la prevalencia durante mucho tiempo de la versión centralista del proceso de la independencia nacional. El escritor, politólogo, ensayista e historiador argentino Hernán Brienza sostiene que “la cultura porteño-céntrica logró convencer a la mayoría de los argentinos que la libertad y la independencia en nuestro territorio nacieron en Buenos Aires y en Mayo de 1810 (…) Los sueños de república, de libertad, de independencia, la Primera Junta criolla, incluso, en estas tierras no fueron solo potestad de esa ciudad-aldea portuaria, atestada de sacerdotes ocultadores, comerciantes rapaces, contrabandistas nocturnos y pensadores liberales. (…) Digamos que no fue en el Plata donde se produjeron los sacrificios necesarios, sino en el Alto Perú, esa vasta región que va del Tucumán a Desaguadero”. Precisamente el territorio que trajinaron Belgrano y Güemes.

Por otro lado, la contribución y el legado del caudillo salteño fueron también ocultados deliberadamente por la aristocracia salteña, que lo despreciaba por su inserción popular y porque ese sector acomodado de la provincia norteña no adhería al proceso de desvinculación de España.

Güemes, Belgrano y San Martín no están solo unidos por el aporte vital a las luchas por la independencia, sino también por su rechazo a sumarse a las luchas intestinas que desangraron a la Argentina durante décadas. Los dos primeros fallecieron antes de que éstas escalaran durante la trágica década que va de 1820 a 1830. Con solo 36 años, Güemes murió asesinado el 17 de junio de 1821 y Belgrano, enfermo, casi exactamente un año antes. San Martín, que también desistió de participar de las contiendas internas, partió al exilio y murió tres décadas más tarde.

De nada valdría, sin embargo, la reivindicación de Güemes, si la dirigencia actual y también los ciudadanos “de a pie”, no adoptan los ejemplos dejados por el caudillo –su compromiso social y político con una causa, su desinterés personal por los beneficios de las transformaciones, su vocación democrática, su prédica a favor de la unión nacional- como guía para las acciones de la vida pública en una Argentina donde suelen abundar comportamientos alejados de esos valores.

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