viernes 3 de abril de 2026
Cara y Cruz

Quítame allá esas "e"

Mientras el país continúa distraído en minucias que profundizan los desencuentros entre una dirigencia enajenada, la Cámara...

Mientras el país continúa distraído en minucias que profundizan los desencuentros entre una dirigencia enajenada, la Cámara de Diputados de Catamarca brinda un nuevo ejemplo de civismo y se aboca a lo importante. En la última sesión del cuerpo, los legisladores intercambiaron durante casi una hora argumentos sobre el problema que mayores angustias genera en una población sumida en la incertidumbre: el lenguaje inclusivo.

Esta demostración de sensibilidad política los coloca en posición de espetar a sus colegas de otras latitudes, incluso a los miembros del propio Congreso, el latiguillo puesto en boga por el presidente Javier Milei: no la ven.

Asunto medular, inquietud extendida en la sociedad que la “casta”, con proverbial ombliguismo, ignora olímpicamente, el profundo debate desplegado en la Legislatura catamarqueña podría devolverlo al espacio central de la agenda pública del que nunca debería haber sido excluido.

El mérito por tan importante aporte debe acreditarse al presidente del bloque libertario Adrián Brizuela, quien detectó la posibilidad de precipitar la discusión a partir de una cuestión de orden personal. Cualquiera podría considerarla insignificante, pero en la capacidad de proyectar los pequeños detalles hasta abordar los grandes temas nacionales se manifiesta el talento de los líderes.

Brizuela consiguió colar el postergado debate pretextando las “reiteradas reprimendas” de la vicepresidenta del cuerpo, María Argerich, quien en el plenario anterior, mientras suplantaba a la titular, Paola Fedeli, le había reprochado que la llamara “presidente” y no “presidenta”.

“Desde un tiempo a esta parte se impuso el término ‘presidenta’ pero esto no significa que la otra opción, ‘presidente’, sea incorrecta para referirse a una mujer”, aleccionó. Asegura que el lenguaje inclusivo no tiene uso generalizado, sino marginal y reservado a sectores académicos y políticos de clases altas.

"No tiene asidero desde la lingüística formal. Es un instrumento simbólico de una causa y de un colectivo fácilmente identificable”, añadió.

Finalizó su alocución subrayando “presidente”, con “e”, al dirigirse a Fedeli, quien a su vez le retrucó “diputade”.

De ahí se prendieron la aludida Argerich y la presidente del bloque radical Silvana Carrizo, quienes defendieron el lenguaje inclusivo como elemento de la lucha de género. Por el ala libertaria les salió al cruce Verónica Vallejos, quien defendió a Brizuela y les recriminó a sus pares no respetar a las mujeres que piensan distinto.

El y las litigantes no pudieron arribar a un consenso, pero al menos el tema ha quedado planteado. Urge que se lo resuelva.

No vaya a ser que los diferendos se prolonguen como con la Ley Bases y se pasen meses con un sector tratando de obligar a Brizuela a asumir el lenguaje inclusivo y los libertarios empecinados en no hacerlo.

El peronismo se opone por el momento a sancionar un proyecto para consultar a la Real Academia Española, pero en los ardores del litigio apareció un embrión de consenso cuando alguien opinó que lo más conveniente sería viajar a España para sacarse las dudas.

Esta propuesta quedó trunca porque otros diputados que estaban parando la oreja consideraron, pasaporte en mano, que a la Real Academia tal vez no le caiga bien recibir demandas de gente tan porfiada en posiciones divergentes y que mejor sería enviar una comitiva compuesta por legisladores imparciales.

Los libertarios quedaron en pedirle a Milei que pregunte, ya que anda ahora por allá, pero no lograron convencer al resto, que desconfía de la ecuanimidad del mandatario. Tampoco aceptaron el laudo de Karina, aunque sea mujer.

¿Y si le preguntan a Conan? Sería una pena que los diputados, o diputades, sigan peleándose por un quítame allá esas “e”.

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