miércoles 1 de abril de 2026
Editorial

Puntal de desarrollo

El Día de la Industria transcurrió este año con un clima de moderado optimismo por los datos de crecimiento de la actividad, pero con preocupación respecto del futuro inmediato. El 2 de septiembre fue instituido como la jornada conmemorativa porque ese día, en 1587, zarpó del puerto de Buenos Aires el primer embarque de exportación con productos elaborados en el país: tejidos y sacos de harina producidos en Santiago del Estero.

Se trata de una fecha emblemática pero más bien simbólica, porque en realidad el desarrollo industrial en lo que es actualmente el territorio argentino comenzó, incipiente, luego de la constitución del Virreinato del Río de la Plata, es decir, a fines del siglo XVIII. De todos modos hay que decir que a lo largo de la historia argentina la actividad industrial ha pasado por momentos de auge y otros de retrocesos. Y no fue sino hasta promediando el siglo XX que tuvo un desarrollo consistente que se mantuvo con un ritmo de crecimiento relativo hasta la segunda mitad de la década del setenta.

Desde la organización nacional y hasta la década del cuarenta del siglo pasado el país había adoptado un modelo agroexportador que excluía a la industria de las actividades con mayor peso. Fue la época de la “Argentina, granero del mundo”, que funcionó en la medida en que los precios internacionales de los productos primarios se mantuvieron altos. Durante la dictadura militar, la liberalización de los mercados, con la consecuente apertura indiscriminada de las importaciones, fueron un golpe duro para el sector industrial argentino, efecto que se reproduciría con su impacto negativo en los períodos 1989-2001 y 2015-2019.

La actividad industrial viene creciendo desde hace un año y medio a buen ritmo. En 2021 creció un 10,3% y en el primer semestre de este año casi el 7%, superando holgadamente los niveles de la pre pandemia. El crecimiento del sector en Catamarca en los últimos dos años ha sido notable.

Es necesario, si la pretensión es convertir a la Argentina en un país desarrollado, apostar a agregarle valor a las materias primas. La industria genera riqueza, alimenta exportaciones, crea muchos empleos formales directos, con salarios por encima del promedio general, e indirectos. Es, en definitiva, puntal para el desarrollo.

En la Argentina, según datos del Banco Mundial, la industria tiene una participación en la economía cercana al 20 por ciento, y está muy lejos aún del uso de su capacidad instalada y del potencial con el que cuenta.

La importancia de la industria en el desarrollo económico de un país es innegable y amerita políticas de incentivo y de protección del sector. El crecimiento que viene exhibiendo se ve amenazado ahora por turbulencias políticas, por lo que requiere de un plan consistente que asegure el mantenimiento de la tendencia, porque la evolución de la industria impacta rápidamente en una mejoría de los indicadores económicos y sociales de las comunidades.

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