martes 29 de noviembre de 2022

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Cara y Cruz

Puja distributiva

Uno de los efectos de la crisis en el Frente de Todos en las vísperas electorales es la escalada...

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Uno de los efectos de la crisis en el Frente de Todos en las vísperas electorales es la escalada en la agresividad de la particular puja distributiva para obtener tajadas del Presupuesto nacional, que libran referentes del área metropolitana con los de los distritos del interior.

Intendentes del Gran Buenos Aires se reunieron la semana pasada con el presidente Alberto Fernández y el ministro de Economía, Sergio Massa, a quien le pidieron una inyección extra de 100 mil millones de pesos. Una parte, menor, la destinarían a pagar un bono de fin de año en sus comunas y el resto en obras “que los vecinos vean rápidamente”, antes de las primarias de agosto.

Los caudillos bonaerenses están disconformes con el gobernador Axel Kicillof, quien no les haría parte en las millonadas que la Casa Rosada le gira mes a mes por fuera de la coparticipación federal y las partidas de asignación específica. 203 mil millones de pesos entre enero y septiembre de este año, de los que los intendentes vieron poco. La plata para el bono, sostienen, estaba pactada entre la Casa Rosada y el Gobernador, pero éste se niega a compartirla.

Aparte, señalan que Kicillof tiene partidas “subejecutadas” en desmedro de las gestiones municipales.

La gente de Kicillof recrimina por su lado que muchos municipios tienen una situación financiera mucho más holgada que la de la Provincia, con hasta un presupuesto completo metido en plazos fijos cuyos rindes (75% anual) les arrojan mensualmente utilidades superiores a las de la recaudación de las tasas locales.

“Que rompan el chanchito”, sugieren.

El trasfondo de estas rencillas son las internas cruzadas en el peronismo bonaerense, de toxicidad creciente, entre los intendentes, Kicillof, La Cámpora que orienta Cristina Kirchner y las organizaciones sociales que buscan ampliar su presencia en las listas el año próximo e incluso proyectan apoderarse de alguna comuna.

Conviene que el interior siga de cerca las maniobras de los llamados “barones” del Conurbano tendientes a ganar autonomía respecto de Kicillof.

El mangazo a Fernández y Massa podría solventarse con los recortes a las partidas derivadas a Kicillof. En definitiva, no parece que el problema sea de falta de recursos, sino más bien de que el mandatario hace valer su control del circuito administrativo y retiene lo que los intendentes consideran propio. Pero semejante solución desataría la ira de Cristina, de modo que lo menos conflictivo para Fernández y Massa sería armar una caja aparte para satisfacer a los caudillos, con fondos que deberían podarse de algún otro lado.

Sobre los métodos de Fernández para mantener la precaria “pax metropolitana” obra un precedente inquietante.

En septiembre de 2020, Fernández le recortó por decreto un punto y pico de la coparticipación federal a la Ciudad de Buenos Aires y se lo asignó a la Provincia de Buenos Aires.

La transferencia fue para neutralizar un reclamo salarial de los policías bonaerenses que había degenerado en revuelta. Para resolverle un problema a Kicillof, el Presidente le sacó a la CABA, disposición arbitraria que se revistió de federalismo y fue aplaudida por la amplia mayoría de los gobernadores oficialistas, aunque no se beneficiaron con un solo peso del arrebato.

Ahora el Conurbano vuelve a reclamar más plata, si bien debido a las diferencias que la propia tropa oficialista es incapaz de saldar.

Curioso, por lo menos: el jefe de gabinete de Kicillof es el intendente de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde.

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Bacchiani. Fue trasladado para ser indagado por múltiples estafas.

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