La suba de los emolumentos de diputados y senadores nacionales se engarza a la perfección en el rabioso discurso contra la “casta” que propala el presidente Javier Milei, aunque los titulares de ambos cuerpos que la habilitaron sean los caracterizados libertarios Martín Menem y Victoria Villarruel.
- El Ancasti >
- Edición Impresa >
- Opinión >
Puede más la angurria
El pueblo tan invocado valorará la prudente conducta de sus representantes legislativos, que entre tanta pasión desenfrenada tuvieron la templanza necesaria para arribar al menos a un consenso y enviar así una señal clara de que, cuando se quiere, se puede: aumentarse las dietas un 30%, para cobrar por el mes de febrero un importe neto de $ 2.174.887, a lo que hay que agregar lo que perciben por desarraigo, que llegó a $464.090,29.
El ejemplo de concordia es tan saludable como oportuno, en vísperas del primer encuentro entre gobernadores y funcionarios nacionales rumbo al magno Pacto de Mayo.
También corresponde destacar el estricto apego a la ley de los tribunos. El aumento les resultaba ineludible por imperio de la denominada "Ley de Enganche", que desde 2011 le permite a los diputados y senadores recibir el mismo incremento otorgado al personal del Congreso.
¿Con qué autoridad podrían pedirle a la sociedad que respete la ley si ellos mismos no lo hacían? La crisis, como dice Milei, es sobre todo moral.
Lamentablemente, aunque la gente pueda llegar a entender el difícil dilema ético que desafiaba a los congresales, es improbable que el Presidente vaya a tener alguna contemplación con el “nido de ratas” que le volteó la Ley Ómnibus.
El aumento le viene al pelo para redoblar sus ataques contra el Congreso, que contribuye así a inagotable cantera de escándalos y actitudes irritantes con las que la “casta” se verifica como tal al mismo tiempo que se autoinvalida como alternativa política.
Mientras los legisladores se aumentan el sueldos, los jubilados solventaron con la licuación de sus ingresos la mayor parte del superávit financiero del que se envanece el ministro de Economía Luis “Toto” Caputo. Pusieron el 32,9% del esfuerzo, contra el 12,6 de los salarios y el 17,6 de los gastos de capital.
¿Con qué cara van a reprochar las desmesuras presidenciales? El fenómeno Milei se erigió sobre el descrédito de un sistema político que todos los días se esfuerza por darle la razón.
La sociedad está atravesando profundos padecimientos, la pobreza ha escalado hasta cerca del 60% debido a la inflación y el shock de ajuste instrumentado por la gestión libertaria.
El costo social del método “motosierra” y “licuadora” es el principal argumento que puede oponerse al oficialismo, pero la “casta” se anula al ponerse a salvo del tsunami, como si no fueran suficientes los privilegios que ya tiene.
El incremento de las dietas, además, emerge en el período de sesiones ordinarias, durante el cual el Congreso, al no tener que circunscribirse al temario fijado por el Poder Ejecutivo, recupera su poder para tratar de configurar una agenda propia. Los legisladores podrían haber enviado un gesto de solidaridad hacia la gente cuya representación se arroga desistiendo de la actualización de las dietas.
Incluso, recriminarles a los libertarios Menem y Villarruel la falta de sensibilidad política por proceder a la actualización de las dietas en momentos tan críticos hubiera sido provechoso para atenuar los agresivos golpes que el Presidente descarga sobre el devaluado prestigio del Poder Legislativo.
Pero al que nace barrigón, es al ñudo que lo fajen. Puede más la angurria.