lunes 6 de mayo de 2024
Cara y Cruz

Preparada para todo

En su paso por Catamarca, Victoria Villarruel se esmeró en recalcar que una de las misiones del cargo que ostenta por el voto popular es “establecer lazos fuertes con las provincias y sus representantes”. Fuera del contexto político actual, tales declaraciones podrían interpretarse como protocolares, un mero formalismo, lo que diría cualquier funcionario nacional que recorre el interior del país. Pero en el país de Milei adquieren otra interpretación y otra relevancia. Una de las características más evidentes del presidente de la Nación en sus cuatro meses de gestión es su hostilidad hacia los gobernadores, a quienes ha maltratado tantas veces como quiso. Contra todo sentido común, se ha empeñado persistentemente en dinamitar cualquier posibilidad de acercamiento. El consenso, para Javier Milei, solo es posible a partir de la subordinación de los demás hacia sus propias iniciativas.

El dialoguismo declamado de la vice no debería pasar inadvertido para los gobernadores. Tal vez encuentren en ella una vía para que sus reclamos sean escuchados en la Casa Rosada, lo que no ha sucedido hasta ahora. El único interlocutor con los mandatarios ha sido el ministro del Interior, Guillermo Francos, que no tiene ni la personalidad ni el poder suficiente para incidir en decisiones del gobierno que favorezcan los intereses provinciales.

De modo que las palabras de la vicepresidenta, que por otro lado son congruentes con un buen diálogo que se ha esforzado en mantener con los representantes de la oposición en el Senado, tienen una significación política que no debe omitirse. Villarruel puede ser objeto de las más variadas críticas, pero nadie podrá decir que su actuación en las altas esferas del poder se basa en la ingenuidad. Su posición conciliadora es una manera muy sencilla de diferenciarse del confrontativo estilo presidencial.

Cuando aún no era tan conocida, con su imagen acotada a su agenda negacionista de la dictadura, sorprendió en una entrevista con el Financial Times admitiendo que estaba “preparada para todo”. Corría diciembre y había empezado a salir de su bajo perfil a partir de su aceitado diálogo con Mauricio Macri, con quien tejió alianzas coyunturales independientes de la esfera de influencia de Milei. Más recientemente, en otra entrevista periodística admitió que no descarta ser presidenta. Fue en la misma instancia en la que definió a su excompañero de fórmula como “pobre jamoncito”, apelando a una figura que rápidamente se convirtió en meme y que a Milei le afectó mucho, según coinciden en su círculo de confianza más íntimo.

A diferencia de otros vicepresidentes de la historia argentina, se esfuerza en no tener un rol de sumisión permanente a la figura presidencial. Ha marcado diferencias con el Ejecutivo en varias oportunidades. Por ejemplo, muy recientemente, en el tema de los incrementos salariales de los senadores, o en las opiniones respecto de la eventual participación de las Fuerzas Armadas en la lucha contra el narcotráfico.

Villarruel y Milei comparten ideologías afines pero desde vertientes diferentes. La primera adhiere a una derecha nacionalista, el presidente, a una visión extrema del liberalismo económico. Por ahora coinciden en un mismo espacio, pero ninguno de los dos se aferra a una estructura política para potenciar su figura. La indiferencia de la vice hacia los libertarios catamarqueños lo corrobora.

En el actual contexto político, los destinos de ambos parecen atados a la misma suerte. Pero si la situación económica no mejora en el corto plazo, el principal afectado será Milei, que se autoproclamó durante la campaña electoral como un “experto en temas de crecimiento económico con y sin dinero”. Tal vez Victoria sea leal a su pertenencia al gobierno. O tal vez no tanto. Como ya lo anticipó, está “preparada para todo”.

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