jueves 17 de septiembre de 2026
Cara y Cruz

Postal de la crisis

Un aluvión de personas, mayormente jóvenes, se enfiló ayer por la tarde en cuatro colas de cola sobre la avenida Ocampo para tratar de acceder a los puestos de trabajo que ofrecía un autoservicio. Salvo por las manifestaciones que suelen hacerse para reclamarle al Estado, la imagen tiene escasos precedentes en la Catamarca. La postal de una pequeña multitud en busca de empleo en el sector privado condensa no solo la profundidad de la crisis, sino también las restricciones que pesan sobre el sector público para dar respuesta a la demanda laboral y las consecuencias que devienen de no poder satisfacerla.

La administración de los excedentes financieros provinciales comienza a agotarse como recurso para morigerar el impacto de las implacables políticas de ajuste que aplica la Nación.

El Gobierno provincial subsidia actividades, asume los huecos que deja la deserción nacional, financia obra pública, promueve el consumo, alienta el turismo, gestiona ATNs, pero el impacto sobre la recaudación que provoca el parate económico se traduce en una caída sostenida de ingresos fiscales cada vez más compleja de compensar. La anulación de fondos nacionales que tenían destino específico se suma al desplome de los giros automáticos de la coparticipación federal, que no son, como sostienen algunos discursos, recursos nacionales sino de las provincias.

En el paulatino estrechamiento del cuello de botella, la imagen de la cola en la Ocampo configura una síntesis: centenares de personas agolpadas currículum en mano para acceder a unos pocos puestos de cajero, expendedores, repositores y encargado de sólo un negocio. Demasiado estrecha la única ventanilla para tamaña exigencia de trabajo formal.

Vincúlese el ilustrativo episodio con la proliferación del cuentapropismo y se tendrá una idea aproximada del calado de la malaria. De la venta de empanadas a Uber, la necesidad de tener un ingreso o reforzar los que ya se tienen adopta las más variadas estrategias y es la marca de la época. Los programas de crédito a tasa blanda creados en la Provincia y el municipio capitalino para financiar emprendimientos, por ejemplo, se desdibujan en préstamos para el consumo y hasta para pagar servicios.

El sobreendeudamiento y la mora crediticia se imprimen sobre esa variación en la composición de la cartera de préstamos de las cajas estatales.

La administración de los excedentes financieros comienza a agotarse como recurso para atenuar el impacto del ajuste nacional. La administración de los excedentes financieros comienza a agotarse como recurso para atenuar el impacto del ajuste nacional.

Es un contrate dramático con las millonadas de inversión que se anuncian en actividades como la minería, que bien vienen, por supuesto, pero empiezan a revelar su insuficiencia no tan solo en lo que se refiere a la cantidad de empleo genuino que pueden generar directa o indirectamente, sino también en cuanto al volumen de los recursos que arrojarán para que el sector público pueda facilitar tracción a otras ramas de la economía.

En tal contexto, las imágenes de la Ocampo operan como una revelación que debería inducir el diseño y ejecución de políticas tendientes a atender un frente laboral que profundiza su perfil crítico. Esto no tiene por qué estar reñido con la sensatez administrativa y el equilibrio macroeconómico; más bien es una contraparte indispensable.

En su mensaje al Concejo Deliberante de marzo, el intendente Gustavo Saadi señaló que ni una sola de las políticas implementadas por el Gobierno nacional podía considerarse beneficiosa para la Capital y destacó los esfuerzos que hacían el Municipio y la Provincia para morigerar esta defección.

Poco después, el ministro de Economía Luis “Toto” Caputo pronosticaba los mejores 18 meses de la gestión Milei, quien por su parte rechaza con los vituperios habituales cualquier señalamiento sobre los efectos sociales de su programa.

La oferta de trabajo de un humilde autoservicio de la avenida Ocampo vino a exhibir que los esfuerzos municipales y provinciales han llegado a su límite y que resulta imperioso asumirlo y adecuar las gestiones a las demandas de la realidad para conjurar colapsos.

El blindaje que se montó en torno a la provincia muestra fisuras inquietantes, que sería inconveniente ignorar.

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