Un informe difundido el pasado martes por la ONG Mujeres de la Matria Latinoamericana (MuMalá), consigna que durante el año 2022 hubo una disminución de la cantidad de femicidios perpetrados en la Argentina respecto de años anteriores. De todos modos, el número de casos sigue siendo altísimo y la baja no es significativa.
El informe mencionado señala que el año pasado fueron cometidos 233 femicidios y 425 intentos de asesinato en manos de varones a mujeres y disidencias. En 2021 ocurrieron, según el Registro Nacional de Femicidios, 251; en 2020, 251; en 2019, 252; en 2018, 255; en 2017, 251; en 2016, 254; y en 2015, 235. Hay que remontarse a 2014 para encontrar un año en la que el número de femicidios sea menor al del año pasado.
Argentina tiene una tasa nacional de 0,9 femicidios cada 100.000 mujeres. Está lejos de las cifras de los países latinoamericanos con las tasas más altas: Honduras (4,6 casos por cada 100.000 mujeres), Belice (3,5), Guyana (2), República Dominicana (2,7), El Salvador (2,4), Bolivia (1,8) y Brasil (1,7); pero de igual manera las cifras asustan.
Es preciso aclarar que al momento de contabilizar los femicidios se hace una discriminación según el tipo de casos. Están los femicidios directos (cuando el asesino ataca directamente a la víctima), que fueron 194 en 2022. Pero también se cuentan lo que se denomina femicidios vinculados, que suceden cuando alguien muere por intentar impedir el crimen, quedó atrapado en la línea de fuego, o cuando el victimario mata a una persona allegada a la mujer a la que intenta castigar emocional o psicológicamente.
Un dato de relevancia, que deberá servir de insumo para establecer las estrategias a diseñar para combatir este flagelo, es que la mayoría de los hechos (el 65%) se cometió en la vivienda de la víctima o la que compartía con el victimario. Lo cual corrobora, sostiene el informe, que “la casa de las mujeres que sufren violencia de género continúa siendo el lugar más inseguro”.
Otra información importante es que el 16,5% de las víctimas ya había denunciado al agresor anteriormente. Este dato permite inferir que es preciso seguir trabajando el seguimiento de los casos de violencia una vez que se denuncian. Hay fallas del Estado en este punto que pueden corregirse, aunque a veces es imposible prevenir los desenlaces fatales, considerando que en una buena proporción se producen en ámbitos privados.
Dentro de este panorama de extrema complejidad y gravedad, debe destacarse que la gran mayoría de los femicidios terminan resolviéndose y los autores recibiendo condenas muy duras, congruentes con lo que estipula el Código Penal.
La visibilización pública de la problemática, las leyes sancionadas y las estructuras estatales creadas para impedir la vulneración de los derechos de las mujeres son pasos adelante, aunque insuficientes. La tarea a desarrollar para lograr que la baja en el número de casos sea significativa y prolongada en el tiempo es ardua y requiere del compromiso de las autoridades y de la ciudadanía.n