viernes 7 de junio de 2024
Cara y Cruz

Parálisis estatal

El escándalo de los alimentos acopiados por el Ministerio de Capital Humano mientras la pobreza y la indigencia se...

El escándalo de los alimentos acopiados por el Ministerio de Capital Humano mientras la pobreza y la indigencia se extienden es la más brutal demostración de los daños que provoca el Estado fallido.

Las repercusiones del episodio escalan y van sumando ingredientes de corrupción a la palmaria mala praxis, con emergentes inquietantes del oscuro submundo de los servicios de inteligencia y el presidente Javier Milei en cerrada defensa de la ministra Sandra Pettovello.

Sin embargo, la médula de la saga es que la megacartera creada para Pettovello, que tiene entre sus funciones la de asistir a las crecientes legiones de pobres de la Argentina, tenía cinco toneladas de alimentos acumuladas en galpones, parte de los cuales estaban a punto de vencerse, sin haber establecido circuitos para su distribución alternativos a los de las organizaciones sociales que el Gobierno nacional se dedica a estigmatizar.

Este cruel absurdo se descubrió por una denuncia del dirigente social Juan Grabois, uno de los blancos dilectos de los ataques libertarios.

La parálisis en el área de desarrollo social se proyecta sobre toda la estructura estatal, que recién a seis meses del inicio del mandato de Milei comienza a desperezarse. Lo que pasó con el dengue y la crisis del gas son otros dos ejemplos.

A la inexperiencia del funcionariato libertario en materia de gestión pública se suma la escasez: La Libertad Avanza no tiene gente suficiente para cubrir el inmenso y complejo entramado burocrático y Milei, al que lo único que parece interesarle es la macroeconomía y su carrera en el “star system” político internacional, se niega a acordar con otros sectores para superar esta falencia.

De tal modo los ministros y, a lo sumo, secretarios, están a expensas de una cadena de funcionarios de menor rango heredados del kirchnerismo, que no tienen el menor compromiso político con la gestión y, por añadidura, saben que más temprano que tarde serán eyectados de sus puestos.

El estímulo para contribuir al funcionamiento de la burocracia estatal de los sectores medios e inferiores es, por lo tanto, nulo, a lo que debe sumarse la poco atractiva posibilidad de quedar a tiro de investigaciones judiciales y administrativas una vez que sean defenestrados.

La inexperiencia y la incompetencia en la cúspide se conjugan con el temor y la reticencia de los integrantes del resto de la cadena para configurar un Estado hemipléjico. Nadie quiere firmar un papel por miedo a quedar embadurnado.

Es el costo de haber convertido a los cargos públicos en insumo para rentar militancia y acólitos y destruido la carrera administrativa: no existe una burocracia estatal profesionalizada para mantener en funcionamiento el sistema independientemente de los vaivenes políticos.

La colonización facciosa de todos los resquicios jerárquicos del sector público termina por agotar cualquier paciencia, el encumbramiento de favorecidos por los jerarcas de turno y alcahuetes desalienta cualquier compromiso.

Lo que ocurre en el hipertrofiado Ministerio de Capital Humano es la cifra perfecta de esta lógica: el mecanismo estaba trabado y la información sobre sobresueldos y supuestos negociados que se precipitó a raíz del escándalo de los alimentos no puede haber más que agravado la situación, a punto tal que Pettovello distribuirá los alimentos cercanos a la fecha de vencimiento con el Ejército.

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