lunes 20 de junio de 2022

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Abusador fue condenado

Para el fiscal, el acusado aprovechó la cercanía con la víctima para ultrajarla

El imputado llegó a debate privado de la libertad. En el banquillo admitió su responsabilidad.

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7 de junio de 2022 - 00:25

Desde el Servicio Penitenciario Provincial, en Capayán, el imputado llegó custodiado para ocupar el banquillo de los acusados de la Cámara de Sentencia en lo Criminal de Segunda Nominación. Sobre él pesaba una fuerte imputación por delitos contra la integridad sexual. El Tribunal que lo juzgó estuvo integrado por los jueces Silvio Martoccia, Luis Guillamondegui y Mauricio Navarro Foressi. El Ministerio Público Fiscal fue representado por el fiscal Ezequiel Walther. La defensa fue ejercida por la defensora penal oficial de Cuarta Nominación, Lorena Paschetta.

Dada la índole del delito, el debate –que se desarrolló en una audiencia por la confesión- se desarrolló a puertas cerradas. De acuerdo con información a la que pudo acceder El Ancasti, el acusado decidió confesar. De esta manera, admitió su responsabilidad en los hechos que oportunamente se le habían endilgado.

Según se detalló, en la instancia de alegatos, el representante del Ministerio Público Fiscal destacó la cercanía que el acusado tenía con la víctima.

Para el fiscal de Cámara, el hecho de cohabitar el mismo espacio preponderó para que sucedan los ultrajes. Tales agresiones sexuales se dieron de manera reiterada durante el tiempo. Ante esta situación, el fiscal Walther mantuvo la acusación y pidió una pena de 13 años. Como el acusado admitió la autoría de los hechos endilgados, la defensora solicitó la morigeración de la pena y pidió un castigo de 10 años.

Tras un breve cuarto intermedio para deliberar, el Tribunal dio a conocer el veredicto. Por unanimidad, fue hallado culpable por el delito de “abuso sexual con acceso carnal agravado por la situación de convivencia continuado”. Como consecuencia, fue condenado a 11 años de prisión. Luego de la lectura de la sentencia, regresó al Servicio Penitenciario Provincial, donde continuará purgando la condena.

Lo que no se dice

El abuso sexual en la infancia (ASI) es una de las formas de violencia más extrema que niños, niñas y adolescentes pueden sufrir. No obstante, el dato más importante que advierten los profesionales en esta temática es que en la gran mayoría de los casos se trata de abusos sexuales intrafamiliares: padre, abuelo, hermano, tío o primo son los principales sospechosos.

El victimario realiza un abuso de poder. A través de diversos mecanismos de manipulación y amenaza, quien abusa genera en la víctima un sentimiento de culpa y vergüenza. Es por ese motivo que quienes lo sufren pueden tardar mucho tiempo, incluso años, hasta que pueden poner en palabras lo que les sucedió.

Además de vulnerar a niños, niñas y adolescentes, el ASI rompe a las familias. Por ello, el silencio siempre juega en contra. Los especialistas advierten que, en ocasiones, “el costo de decir puede ser más elevado que el costo de callar”.

Dado que el silencio es también la principal arma de manipulación, en materia de prevención, los expertos recomiendan que los adultos expliquen que los secretos son información o conocimiento que se reserva, es decir, se guarda de que otros los puedan saber. Los secretos crean un ambiente misterioso alrededor de las personas, pero pueden tener consecuencias positivas o negativas dependiendo de cómo se sienta quien los guarda. Precisamente ésa es la clave para saber diferenciar los secretos buenos de los secretos malos; por ello se recomienda enseñar a los chicos y chicas a identificar las emociones que siente al guardar un secreto. Los especialistas indicaron que los “secretos buenos” generan en el niño o niña quien los guarda una sensación de felicidad y emoción. “Cuando alguien sabe que le harán una fiesta sorpresa a otra persona y no debe revelarle el secreto, la persona será sorprendida gracias al secreto y todos pasarán un buen momento”, ejemplificaron.

Distintos estudios afines indicaron que los casos se revelarán durante la adolescencia, cuando pueden romper el pacto de silencio. Es decir, cuando la niña o el niño ya no sientan temor por las amenazas de su agresor sexual.

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