domingo 19 de marzo de 2023

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Cara y Cruz

Otro síntoma de declinación

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Cristina Kirchner mandó difundir a través de la Dirección de Comunicación del Senado las explicaciones del jujeño Guillermo Snopek sobre su renuncia a integrar el interbloque de senadores del Frente de Todos y el bloque Unidad Ciudadana. Un acto reflejo para tratar de atenuar el golpe de la fractura sobre ella: Snopek, que presidirá la nueva bancada, enfatiza que su dimisión obedece a “la distancia cada vez mayor que siento respecto al rumbo de gestión del presidente de la Nación, Alberto Fernández, alejado -a mi humilde entender-de las prioridades que nuestro pueblo demanda”.

“No puedo, ni quiero, asistir cómplicemente a la pérdida total de la institucionalidad en la provincia de Jujuy, con un gobernador que no respeta ni la división de poderes, ni la Constitución ni ningún mecanismo de contrapeso. El deterioro absoluto del Estado de Derecho en mi provincia, que comenzara a fines del año 2015, no ha hecho sino profundizarse desde el año 2019. Ha sido, en ese sentido, una gran decepción para todos los que creímos que la asunción de Alberto Fernández podía representar un nuevo porvenir”, se justificó Snopek.

La pérdida del control oficialista sobre el Senado es por lo tanto, según Cristina, culpa de Alberto.

El comunicado en el que formalizaron la conformación de la nueva bancada, sin embargo, Snopek y los otros tres desertores –Eduardo Kueider (Entre Ríos), Carlos “Camau” Spínola (Corrientes) y María Eugenia Catalfamo (San Luis)- dicen que responden a “la necesidad de construir una alternativa dentro del Senado de la Nación que responda a las necesidades de nuestros territorios y que representen a los ciudadanos que nos eligieron por el voto popular”.

“El actual contexto social, económico y político que atravesamos genera nuevas realidades y demandas. Por ello, tenemos la responsabilidad de debatir, trabajar, pensar nuevas estrategias y legislar en un espacio que aporte una mirada verdaderamente federal poniendo el foco en las problemáticas diarias que atraviesan nuestras provincias, entre ellas la pobreza y el hambre que castigan a nuestros pueblos”, agregaron.

“Mirada verdaderamente federal”: el cuarteto se abre para armar el bloque Unidad Federal con la cordobesa Alejandra Vigo, esposa del gobernador de Córdoba Juan Schiaretti.

Cuatro que se suman a una: este es el ingrediente principal del episodio, independientemente de las razones particulares que hayan movilizado a cada uno de los renunciantes. Sin posibilidades de reelección en Córdoba, Schiaretti mastica la posibilidad de proyectarse a nivel nacional, y Vigo ha sido el brazo en el Senado de sus críticas al federalismo defectuoso que implica una dinámica política articulada en función de las internas peronistas del área metropolitana.

La ruptura en el Senado es otro síntoma de la declinación de los criterios de Cristina y La Cámpora como eje ordenador del peronismo, lo que hace cada vez más imperiosa la necesidad de conformar un nuevo orden. Es la misma percepción que moviliza a los gobernadores que desdoblaron sus elecciones de las nacionales y no quieren contaminarse con los tóxicos litigios del Conurbano bonaerense.

El dedo de Cristina alcanzó para enfilar las tribus en 2019 detrás de los que finalmente se reveló como “la máscara de Alberto”.

Se asiste cuatro años después al agotamiento de un ciclo, y en ese proceso es indicativo el concepto que el cristinismo postuló como medular en la reunión de la mesa política del Frente de Todos: la lucha contra la inexistente “proscripción” de Cristina.

El conjunto del peronismo se ha visto arrastrado por esa narrativa desde que la Vicepresidenta fue condenada por corrupción, juicio político a la Corte incluido, pero no ha sido suficiente para repuntar la deteriorada consistencia. Lo infructuoso de los esfuerzos de Sergio Massa en tren de domesticar la inflación agrava la crisis.

La mesa política oficialista fue una catarsis. Resta traducirla en unidad real, mientras el calendario corre hacia las primarias de agosto.

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