viernes 27 de enero de 2023

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Cara y Cruz

Otra grieta

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Se ha debatido, se debate y se seguirá debatiendo sobre la naturaleza de la grieta política que divide a los argentinos. Que separa, pero no en dos partes, porque hay una porción de la población que está al margen de ella, lo que convierte a este grupo en una tercera fracción que reniega de esa fisura por convicción o que la ignora, indiferente a su existencia.

La grieta, para algunos, proviene del fondo de la historia argentina y representa, según la época, las dos posturas contrapuestas y hegemónicas respecto del modelo general de país, con componentes de índole política, pero también con fuertes rasgos económicos y culturales. La grieta, sostienen, no está bien ni mal: simplemente, es.

Para otros, en cambio, es una construcción simbólica que, enancada en diferencias de índole más bien coyuntural, plantean ex profeso y de un modo maniqueo, la existencia de una sociedad binaria que solo legitima la existencia política de las posturas hegemónicas. Las expresiones ajenas a esa dicotomía son, apenas, periferia.

Las diferencias de interpretación de la realidad no solamente son válidas sino además necesarias, pues encarnan el espíritu pluralista de la democracia, donde la unanimidad de criterios es imposible. Pero tales disidencias deben fundarse en la madurez de los procederes y en la posibilidad de arribar a consensos mínimos que permitan que las sociedades avancen, crezcan y se desarrollen.

La Argentina hace rato que parece haber desistido, por defección de oficialismo y oposición (y de ambas facciones también cuando intercambian roles), de esa oportunidad de arribar a acuerdos que sean superadores de las diferencias, o al menos de debatir las posturas antagónicas bajo las reglas que imponen las instituciones, que no impugnan la vehemencia, la enjundia y la pasión política, pero sí los agravios rastreros, las injurias y los insultos que hablan más del que los pronuncia que del que los recibe.

Los sucesos acaecidos en la última frustrada sesión de la Cámara de Diputados de la Nación corroboran la vigencia de esa grieta que no es representativa de las discrepancias propias de la vida democrática, sino sintomáticas de la decadencia política, no solo del parlamento, sino de la dirigencia política de las fuerzas mayoritarias, incapaz de dirimir con lucidez sus posturas disímiles.

Oficialismo y oposición tendrán sus verdades que defender y el derecho a hacerlo, pero recurrieron a modales de barrabravas para disputarse espacios de poder en instituciones concebidas originalmente para fortalecer la República, como el Consejo de la Magistratura.

No hubo ganadores en la trifulca -que incluyó agravios verbales pero también gestos obscenos- sino solo perdedores. Los legisladores, en el propio recinto de sesiones, ensancharon con sus bravuconadas otra grieta que tal vez no terminen de entender que existe: la que separa a la dirigencia política de una sociedad que espera, en un contexto de crisis agobiante como la actual, en cuya génesis y expansión comparten responsabilidades las fuerzas mayoritarias, respuestas y propuestas antes que ultrajes.

Tiene valor simbólico que la pelea, al frustrar la sesión, impidiera que se aprueben proyectos de relevancia, como la creación de nueve universidades nacionales. Esta iniciativa, junto a otras también estratégicas como los proyectos de ley sobre represión y prevención del lavado de activos, de Agroindustria, de Humedales, de regularización de aportes previsionales y el blanqueo de capitales, por mencionar solo algunas, tienen pésimo pronóstico de tratamiento, mucho menos de aprobación, en función de las heridas abiertas entre las bancada mayoritarias.

Como la palabra autocrítica no existe en el diccionario de la política hegemónica en la Argentina, es difícil que los debates sobre los temas urgentes y los estratégicos se encaucen en el corto plazo. Queda esperar, apenas, que las aguas se calmen en el Congreso de la Nación. Pero más por la atención que merece el recorrido hasta ahora triunfal de Messi y compañía que por la reflexión serena de los perpetradores del escándalo.

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