En el marco de la concientización sobre los cánceres ginecológicos, la historia de María Eugenia Carrizo, enfermera de profesión y vecina de Fray Mamerto Esquiu se convierte en un mensaje claro y directo: no postergar los controles puede salvar vidas. Diagnosticada con cáncer de endometrio en 2024, atravesó un proceso complejo que hoy la encuentra en seguimiento médico y con una fuerte convicción: llegar a tiempo marca la diferencia.
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"No minimicen los síntomas": la historia de María Eugenia
El cáncer de endometrio, un tumor maligno que se origina en el revestimiento del útero es, como otros cánceres ginecológicos, silencioso en sus primeras etapas. Muchas veces los síntomas se minimizan o se confunden, y eso retrasa el diagnóstico. Sin embargo, también existen historias como la de María Eugenia, donde la detección, el tratamiento y la contención permiten salir adelante.
“Todo empezó en 2022 con hemorragias. Estuve tres meses así, medicada, hasta que se controló. Después una se relaja, cree que ya pasó”, relató. Pero un año después, decidió avanzar con una cirugía preventiva. Fue allí cuando todo cambió. “No pudieron completar la operación, mandaron a biopsia y ahí me diagnostican cáncer de endometrio”, recordó.
Desde ese momento, comenzó un camino difícil: quimioterapia, una nueva cirugía para completar el procedimiento y luego radioterapia. “Empecé inmediatamente con los tratamientos. Fueron varios ciclos de quimioterapia, pero no se pudieron completar porque me afectaron mucho”, contó. Hoy continúa en controles médicos periódicos.
El impacto emocional fue tan fuerte como el físico. “Cuando te dicen que tenés cáncer, te llorás la vida. No sabés qué va a pasar”, expresó. A esa situación se sumó una experiencia personal previa: la pérdida de su madre por la misma enfermedad. “Desde el diagnóstico hasta que falleció pasaron 81 días. Eso te marca, te llena de miedo”, confesó.
En ese contexto, destacó el rol clave de su entorno. “La contención familiar fue fundamental. Mi hijo, mi papá, mi hermano, mis amigos… ellos fueron mi sostén”, dijo.
Tratamiento
También valoró el acompañamiento médico y la posibilidad de realizar el tratamiento en la provincia. “Lo hice en Catamarca y fue una muy buena decisión. No tuve problemas, siempre me atendieron bien”, afirmó.
Con la experiencia atravesada, su mensaje apunta directo a la prevención: “No hay que minimizar los síntomas. Yo lo hice. Pensé que se me iba a pasar y no fue así”. Y agregó: “Vayan al médico. Van a perder unos días, pero ganan en vida”.
María Eugenia también hizo hincapié en el impacto integral de la enfermedad: “Te cambia todo: la salud, el trabajo, la economía, la familia. No es solo lo físico, afecta a todo el entorno”. Por eso insiste en la detección temprana como herramienta fundamental.
“El cuerpo avisa. Cuando sentís algo diferente, hay que escuchar y consultar”, sostuvo. Y dejó un mensaje para quienes atraviesan la enfermedad: “Los tratamientos son duros, pero hay que seguir. No hay que bajar los brazos”.
A dos años del diagnóstico, su mirada sobre la vida cambió por completo. “Aprendés a valorar todo: el día, el aire, las pequeñas cosas. Si no hay salud, no hay nada”, reflexionó.
Su historia, atravesada por el dolor pero también por la fortaleza, se suma a la voz de los especialistas: la prevención, los controles y la consulta a tiempo son claves para evitar que estas enfermedades avancen en silencio.