sábado 18 de mayo de 2024
Editorial

No hay "buenos" y malos" como en las películas

Las cifras difundidas esta semana por el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) son impactantes...

Las cifras difundidas esta semana por el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) son impactantes: consignan que un niño palestino muere o resulta herido cada diez minutos a causa de la ofensiva militar lanzada por Israel desde el 7 de octubre contra la Franja de Gaza. El informe especifica que son al menos 70 los niños heridos y/o mutilados por día debido a los ataques israelíes.

Desde octubre los muertos palestinos por el fuego de Israel suman más de 35.000. Alrededor de 14.000 eran niños. Si se añaden los fallecidos por las enfermedades o la mala alimentación, la cifra sube exponencialmente. La hambruna extrema, la falta de agua potable, de medicamentos y de lugares donde atenderse (la mayoría de los hospitales fueron destruidos por los bombardeos de Israel) son moneda corriente desde hace meses en la Franja de Gaza.

El 7 de octubre la organización terrorista Hamás atacó a Israel. Murieron aproximadamente 1.200 personas y fueron capturados 130 rehenes, de los cuales se estima que 34 fueron asesinados. A la agresión terrorista se reaccionó con una respuesta terrorista de mayores proporciones.

El escenario amenaza con ser aún más grave y sangriento. Israel atacó el consulado iraní en Siria, lo que provocó la respuesta de Irán, una potencia militar de envergadura.

El conflicto en Medio Oriente tiene una complejidad enorme y no hay un bando de los “buenos” y otro de los “malos” como en las películas. La simplificación es imposible. Y la determinación de quienes tienen razón en las desavenencias con consecuencias bélicas es tarea imposible. Hay miradas históricas y culturales muy disímiles, y todas las partes involucradas tienen una parte de razón. Es un conflicto, además, que no involucra a nuestro país, que ha tenido históricamente un posición neutral y prescindente, a favor de la paz como método de negociación para alcanzar acuerdos con los menores costos posibles.

En consecuencia, la postura que ha asumido el Presidente de la Nación de alineamiento incondicional con una de las partes, rompe con esa tendencia histórica –como también se rompió en la década del noventa, período en el cual se produjeron los atentados a la Embajada de Israel y a la AMIA- y coloca a Argentina en una posición controvertida y vulnerable. Se trata casi de una decisión de tipo personal: no se advierte que haya sido tema de debate dentro del gobierno ni del partido gobernante, tampoco en el Congreso de la Nación y mucho menos de cara a la sociedad, que no ha sido consultada al respecto pese a que existen los mecanismos institucionales para hacerlo.

Demasiados problemas internos tiene la Argentina como para abrir frentes de conflictos externos, sobre todo cuando la inmensa mayoría de los países no se ha involucrado abiertamente a favor de alguna de las partes en conflicto. Un tema de tanta envergadura para el futuro argentino en el contexto internacional no puede adoptarse a las apuradas, por impulsos individuales y sin conocer la posición del pueblo y de sus representantes institucionales.

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