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Editorial

Niñez y pobreza: los desafíos de cualquier gestión

18 de febrero de 2023 - 01:05

Los economistas, al hablar de pobreza, distinguen la pobreza no monetaria de la pobreza por ingreso. La no monetaria es la que se vincula con la privación de derechos elementales como el acceso a la salud, a una buena alimentación, a educación y/o vivienda. Están, además, los pobres por ingreso, es decir, los que no alcanzan a cubrir la canasta básica de bienes y servicios que mide el Instituto de Estadísticas y Censos.

En la Argentina y en el caso de la niñez, ambos tipos de pobreza constituyen un escándalo, sobre todo en el caso de los niños y adolescentes, que son más pobres que el resto de la población en general, cuando deberían ser los más protegidos. La pobreza no monetaria afecta al 42,5 por ciento de las chicas y chicos, pero trepa al 51,5 por ciento si se la mide por ingresos.

Los datos están contenidos en el estudio “Pobreza monetaria y privaciones no monetaria en niñas, niños y adolescentes en Argentina”, elaborado por Unicef y presentado esta semana.

A la pronunciada caída de la pobreza ocurrida en Argentina entre 2003 y 2011, le siguió un ciclo de estancamiento o de leve suba entre 2011 y 2015. Pero fue a partir de 2018 que los índices se dispararon, estabilizándose nuevamente en los últimos años.

El informe de Unicef consigna que si bien se advierte una tendencia a la baja en la pobreza no monetaria infantil, la pobreza monetaria no logra descender desde hace un lustro. La razón de esta situación dispar fue explicada por Sebastián Waisgrais, especialista en Inclusión de Unicef Argentina, en la presentación del trabajo: “Es que la pobreza monetaria depende del ciclo económico, de variables que hoy están en discusión como el tipo de cambio, los salarios, el desempleo, el consumo, pero sobre todo de los precios. Salvo que haya un shock de ingresos importante o una gran caída de la inflación, la pobreza va a persistir en un rango elevado este año”.

Entre tanto dato desalentador, la baja de la pobreza no monetaria es una buena noticia, pues ya lleva casi dos décadas. En el año 2004, las niñas, niños y adolescente con privaciones de derechos eran alrededor de 10 millones. Hoy, aproximadamente 6 millones.

Unicef destaca como aportes importantes para evitar la caída de este grupo etario en la indigencia a la Asignación Universal por Hijo y a la Tarjeta Alimentar pero, sostiene la organización internacional que depende de la Organización de las Naciones Unidas, aún queda un millón de niños que no acceden y deberían hacerlo, a este beneficio.

La consolidación del proceso de baja de la pobreza no monetaria, facilitando el acceso a derechos, es uno de los grandes desafíos de cualquier gestión de gobierno. El otro, generar las políticas para lograr ciclos económicos de crecimiento, cuyos beneficios sean redistribuidos con sentido de justicia social, beneficiando a este sector de enorme vulnerabilidad.n

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