El concejal capitalino Diego Figueroa, de La Libertad Avanza, cuestionó en la última sesión ordinaria que periodistas lo hayan llamado “piojo resucitado”, “soberbio”, “engreído” y que hayan dicho que trató a los dirigentes de izquierda como “sucios y piojosos”, cosa que según él no salió de su boca. En efecto es verdad: estrictamente dijo que tenían mal olor y eran alérgicos al shampoo y al Nopucid, lo que técnicamente no los hace sucios y piojosos. Probablemente la interpretación malintencionada fue de los receptores del mensaje. Además, el concejal lamentó que se lo llamara “ario”, ya que “la mayor matanza de la Segunda Guerra Mundial fue provocada por ese racismo”.
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Ni piojo, ni resucitado
El Ancasti lamenta haberlo ofendido, pero desconocía sus problemas de comprensión de texto. Le sugiere remitirse a la empresa Aguas de Catamarca para verificar por qué no le sube agua al tanque. Podría ser un problema de la red o interno de su casa. Le recomienda, además, que se fije antes si tiene abiertas las llaves de paso, para evitar más papelones como el del último fin de semana con el mural de la Virgen del Valle.
Tal vez por el hecho de querer ponerse a tono con la visita del presidente Javier Milei se ha mimetizado también en el sentido de la literalidad, tal como el presidente cuando consideró que es imposible que la gente no llegue a fin de mes porque eventualmente no se puede vivir diez días sin comer ni beber.
A El Ancasti le gustaría aclarar que las palabras utilizadas para referir a Diego Figueroa revisten el carácter de ironía. Aclara además, que cuando se precisó que el referente del Partido Obrero, Pedro Saracho, había encontrado en Figueroa a un “jefe de campaña” había sido en sentido figurado. Por si acaso, también se aclara que se trató de ironía cuando se dijo que más de un dirigente político estaba pensando en “marchar en serenata a la casa de Figueroa para cantarle ‘ódiame por piedad, yo te lo pido, ódiame sin medida ni clemencia’”, ya que no se ha podido constatar que dirigente alguno quisiera marchar a su domicilio.
Que Santiago Caputo andaba preguntando de dónde salió semejante fenómeno de las redes sociales en Catamarca también era una ironía. No es cierto que el “monje negro” de Milei haya preguntado por Figueroa, y si acaso lo hizo fue para averiguar más datos sobre su existencia.
Se aclara también que El Ancasti no cree realmente que Figueroa fuera un “ario”. Según la Real Academia Española, en las teorías racistas nazis, “ario” es una persona no judía y, especialmente, perteneciente a las poblaciones blancas europeas germanas y nórdicas, tenidas por superiores.
Si bien el propio Figueroa se definió en la última sesión como alguien “negrito, morocho, trigueño, mestizo y marrón”, está claro que no pertenece a la población europea germana ni nórdica, ni mucho menos a una raza superior. Tampoco hay registros de que Figueroa haya combatido en la Segunda Guerra Mundial ni que fuera responsable de la matanza de judíos.
Por último y no menos importante, El Ancasti gusta aclarar que no considera que el concejal de la Capital fuera un “piojo resucitado”. Todo indica que Figueroa pertenece a la raza de homo sapiens, o al menos tiene todas las características físicas, por lo que se descarta lo de “piojo”. A su vez, nada permite certificar que fuera un “resucitado”, ya que según la tradición bíblica, científica y académica, para cumplir ese requisito es necesario haber vuelto de la muerte.
