jueves 15 de septiembre de 2022

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EDITORIAL

Ni el agua de lluvia

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17 de agosto de 2022 - 01:05

Los niveles de contaminación que sufre el planeta Tierra son cada día más preocupantes y, al parecer, las medidas que se toman a nivel gubernamental no son suficientes para evitar los daños que ocasiona y que no siempre son debidamente mensurados. La clave es entender que los efectos de la contaminación son, además de alarmantes, generalizados. Es decir, afecta de manera global. En Catamarca la contaminación es menor que en los grandes centros urbanos o regiones industrializadas del mundo, pero eso no es factor que libre a la provincia de sus efectos.

La semana pasada se conoció un informe científico difundido por la revista especializada Environmental Science & Technology que afirma que el agua de lluvia no es potable en ninguna parte del planeta. La causa es que está contaminada por sustancias químicas tóxicas que se propagan por la atmósfera hasta los rincones más remotos. Esas sustancias químicas son los contaminantes denominados perfluoroalquilados y polifluoroalquilados (PFAS), y se encuentran en productos textiles, pinturas, cajas de pizza, productos de limpieza o en la espuma para combatir incendios.

Están asociados a la aparición de distintos tipos de cáncer, aumento del colesterol, problemas del sistema inmunitario, infertilidad, complicaciones en el embarazo y hasta problemas de aprendizaje y comportamiento en los niños.

En el mundo existe legislación en abundancia que prohíbe este tipo de sustancias, lo cual ha reducido bastante sus valores en el ambiente, pero, según el informe científico, no lo suficiente como para no seguir contaminando suelo y agua, teniendo en cuenta que los productos químicos tienen poca reversibilidad y que los procesos naturales los devuelven continuamente a la atmósfera desde el medio ambiente. En este punto debe recordarse el concepto de lluvia ácida, vinculada a la acumulación de vapores y gases tóxicos en la atmósfera que las nubes recogen y devuelven en forma de agua contaminada.

Además, algunas de las normas sobre los PFAS no los prohíben totalmente, sino que restringen su uso y contemplan excepciones.

En este contexto, Jane Muncke, directora general de la Fundación del Foro de Envasado de Alimentos de Zúrich (Suiza), señaló que “las enormes cantidades que costará reducir los PFAS en el agua potable a niveles seguros, según los conocimientos científicos actuales, deben ser pagadas por la industria que produce y utiliza estas sustancias químicas tóxicas”.

Este tipo de fenómenos se suma a otros que han hecho que arroyos, ríos, lagos y los océanos tengan una alta contaminación que afecta, además de a la vida humana, a la de especies animales y vegetales.

Legislar para evitar que la contaminación se siga agravando es imprescindible, pero se necesita además de controles eficaces, de sanciones ejemplificadoras y de un arduo pero sistemático trabajo de concientización, para que las nuevas generaciones estén más preparadas para revertir el proceso.n

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