lunes 30 de marzo de 2026
Colección SADE – Escritores Catamarqueños por autores Catamarqueños

Neri Arnaldo Miranda y sus historias con valores

Por Carlos Gallo.

Un liviano aire de filosofía y profunda religiosidad se abre paso entre las líneas firmes de «Misión desde lo azul». Sobrevuela con la misma libertad que, con seguridad, lo hizo la mente del escritor chacarero Neri Miranda en aquel tiempo que lo dominó la añoranza de su más épica proeza juvenil: la siembra de truchas en Antofagasta de la Sierra.

Esa misma amalgama de nostalgia y juventud impregna también la arquetípica concepción —casi doctrinaria y basada en valores humanos propios de las crianzas respetuosas de antaño— que supo construir el autor para contar sus historias.

Neri Arnaldo del Carmen Miranda (20/5/1938 - 3/11/2010) vivió su tiempo casi completamente en la tierra en que amó. Sólo que dividió casi en partes iguales su estado civil con la permanencia en cada una de las orillas del Río del Valle. Nació y se crió en La Tercena y luego su familia se afincó en la Sierra Brava, en un humilde hogar de muchos hermanos y una madre hacendosa y lectora. Allí aprendió aquellos valores que supo luego imprimir en sus dos obras principales: la citada «Misión desde lo azul», que respondió a la inquietud de un sueño que lo conmovió y, muchos años más tarde, «Allá donde los cóndores», el relato majestuoso, detallado e inconmensurable de una proeza digna de una película del Far West.

Nació en 1938, en una casa en la que se tocaba el violín y las guitarreadas eran tan comunes como el correr de la changada detrás de un cuero inflado para jugar a la pelota. O como el pegar la oreja a la radio para silbar el compás de un tango y sorprenderse con las noticias de la Guerra Mundial. En su albor, al joven Neri tampoco lo aflojó el deleite de enriquecer el vocabulario con la Revista Selecciones en sus manos y con los pies mojados adentro del canal que baja desde Las Pirquitas.

Luego de la colimba y habiendo conseguido trabajo en la Dirección de Piscicultura, es encomendado por su jefe a la misión que habría de marcarlo como un sello: viajar a Río Tercero (Córdoba) para capacitarse en la siembra de alevinos de trucha arco iris, que debería llevar luego con el celo de un centinela a los cauces casi níveos de la Puna catamarqueña. Recorrer medio país con las frágiles artesas de madera a las que había que alimentar con el hielo que se consiga, fue su mayor desafío.

Aquella proeza veinteañera lo hizo conocer crudamente y sin preaviso a quienes serían los personajes de su obra. Gente de carne y hueso que son historia anónima y que, con la prodigiosa memoria que siempre caracterizó a Neri, plasmó con maestría en su libro más esperado. Una obra que, por cierto, llegó casi al fin de su vida.

Dos libros con su sello

Al regreso de la Puna, los estudios en la malograda Escuela de Óptica se vieron tronchados, junto con sus bien dirigidos impulsos eruditos. Esa formación, más aquel bagaje cultural que traía desde la cuna, fueron perfeccionados en las intensas tardes de lectura en la Biblioteca Provincial “Julio Herrera”, su próximo destino laboral. Como parte de sus inquietudes, estudió bibliotecología en La Plata, donde lo sorprendió “la noche de los lápices” en la que, por la intervención proverbial de un ángel, se salvó de quedar contado entre sus víctimas inocentes.

A su regreso, ya en 1991, casado con Azucena Lucero Andrada y habiendo formado con ella una hermosa familia, se traslada a la ciudad de Catamarca para afinar el lápiz. Allí encara su primer proyecto literario, publicado como un homenaje al Centenario de la Coronación Pontificia de la Virgen del Valle. En paralelo, comienza a relacionarse con el ambiente de las letras. Es apoyado por la Sociedad Argentina de Escritores filial Catamarca, se hace un asiduo concurrente a las tertulias literarias, incluso colabora con artículos de opinión en medios gráficos y se expresa en programas de radios amigas.

No puede apartarse de su espiritualidad: en «Misión desde lo azul» propone a los lectores la integración a la legión del Salvador y brinda en una página final con otras ocho máximas que son dignas de ser puestas en práctica en lo cotidiano.

Años más tarde, cuando sus actividades laborales dedicadas a la visita médica le dieron el tiempo y la oportunidad, cumplió con el objetivo personal de plasmar en un libro aquellas vivencias en la Puna.

En «Allá donde los cóndores» narra mucho más que la siembra de truchas en los cauces solitarios de las inmensidades más olvidadas de la provincianía. Nombra a todos y cada uno de sus compañeros de aventura, a los caciques, a los inocentes, a los casuales. Monta nada menos que el escenario de la Puna catamarqueña en 1960, cuando para llegar había que entrar por Salta. Refiere cada seña de su tarea. Y al mismo tiempo imagina a los antepasados, a los seres primitivos que pudieron haber habitado aquellos paisajes inconmensurables; indaga en las formas humanas o animales que abrevaron el río milenario y en los vestigios que subsisten en los verdes prados. Pero confía en que “tal vez no sea tan utópico pensar en la captación de las ondas perdidas en la inmensidad del cosmos”, refiriéndose a los sonidos de aquella vida que el espacio infinito archiva.

Dice Neri hablándole a Antofagasta de la Sierra: “Ese año, puedo testimoniar, marcó hitos en su vida; por ejemplo, con la primera visita de un gobernador (...) con la siembra de truchas se señaló el primer rumbo en estas nuevas intenciones para con la población antofagasteña y fueron como un símbolo y, lo siguen siendo, le dieron alimento, la hicieron conocer”.

Es esta la breve biografía de Neri Miranda, un autor comprometido. Con su tiempo y con sus creencias. Consideramos fundamental difundir su valiosa obra, que constituye un verdadero descubrimiento dentro de la literatura catamarqueña de los últimos treinta años.

TEXTOS RELACIONADOS

CITAS

Labrar la paz en cada acto

“Para el habitante de nuestras tierras, generalmente remiso a los sacrificios personales (…) quizás con estas pautas orientadoras podamos despertar su interés, toda vez que se le pide, solamente, el cumplimiento de sus obligaciones primordiales y colaboración a nivel de comunidad, con la firme esperanza de producir un renovado sentimiento para con las cosas que nos rodean y además un propósito que debe grabársenos a fuego: ‘labrar la paz en cada acto, en cada minuto’”.

Sé como el río

“Joven amigo: tú eres un individuo sano y fuerte como todos y cada uno de esa masa, y puedes levantar tu voz, y debes independizar tu proceder, no sea que te dejes conducir como un pobre ignorante. Cuando el río crece su voz es bronca, torpe, su fuerza es avasalladora, arrastra de todo e invade las márgenes; produce miedo. Cuando su caudal es normal, su ‘música’ es cantarina. Su agua transparente, su presencia bella y sana; procura imitar a este último (…) sé tú mismo, que no es soledad”.

Significado de lo azul

“Hay en el cielo una zona, que en el negro plafón de la noche, salpicado de titilantes estrellas, presenta un hermoso color azul. Dicen por ahí que es la morada de las almas que han cumplido su misión en este mundo, compartiendo la Divina presencia y la de todos aquellos que fueron su mano ejecutora a su paso por esta vida terrenal. En ese lugar estarán gozando de la eterna paz, los que trabajaron con denuedo por el bien, los que lastimaron sus pies de tanto andar predicando la palabra del Señor, los que dejaron sus riquezas y vida fastuosa para dar comida, vestido y buenas enseñanzas a quien lo necesitó, también están aquellos que hasta fueron inmolados por sostener la fe en el Señor”.

Seguí leyendo

Te Puede Interesar