Lamentablemente, el episodio de los siete turistas oriundos de Buenos Aires que se perdieron en plena cordillera de San Buenaventura no es aislado. Son cada vez más frecuentes los casos de personas que, sin entrenamiento, sin los equipos necesarios, sin conocimiento del territorio y sin la asistencia de guías o baqueanos, acometen imprudentes itinerarios en la montaña de muy alto riesgo.
Las últimas acontecidas en la provincia terminaron bien. Es decir, con los “montañistas” en relativo buen estado de salud luego de ser rescatados por personas preparadas para estas travesías en operativos que demandan muchísimo esfuerzo, y atendidos en establecimientos de salud pública. Pero así como tienen un “final feliz”, podrían también terminar de un modo trágico. El límite entre ambas posibilidades, considerando los riesgos de estas aventuras irresponsables, a veces es bastante difuso.
En el último de los casos, los turistas quedaron atrapados a 3.600 metros sobre el nivel del mar por la irregularidad del relieve montañoso en sus vehículos y debieron luego caminar durante siete horas, abandonando los vehículos, hasta llegar a la escuela N°156 de Río Grande para pedir ayuda. Una vez allí fueron trasladados a Fiambalá, donde recibieron atención en el hospital público. El rescate de los vehículos fue una odisea de la que participaron baqueanos, más de 10 animales y demandó dos días de trabajos con palas, picos y barretas.
Hace menos de un mes, dos brasileños debieron ser rescatados del volcán Ojos del Salado, en Tinogasta. En agosto del año pasado, efectivos policiales auxiliaron a dos turistas cordobeses que quedaron varados en el Campo de Piedra Pómez, en Antofagasta de la Sierra y un mes antes una pareja y su hija, turistas cordobeses también, fueron rescatados por cuatro mineros que los encontraron tapados por la nieve dentro de su camioneta en el departamento Tinogasta. En febrero de 2022, dos hombres oriundos de Córdoba se perdieron en inmediaciones del volcán El Peinado. También fueron socorridos. En diciembre de 2021, la Policía de la provincia y Gendarmería rescataron a dos turistas franceses que se extraviaron mientras realizaban una travesía a Ojos del Salado. El último hecho trágico de esta sucesión de incidentes ocurrió en marzo de 2021, cuando un andinista cordobés perdió la vida en el mismo volcán. La cronología podría seguir casi indefinidamente.
En lugares, tanto de la Argentina como del resto del mundo, donde el montañismo o las travesías de aventura son una práctica muy habitual, existen protocolos que deben respetarse de manera estricta y seguros que pagar para financiar los rescates. No cualquiera puede ascender al Aconcagua, por ejemplo. Ha llegado la hora de que en Catamarca se impongan restricciones razonables a los que deseen realizar este tipo de riesgosas expediciones. No se trata de coartar la libertad de las personas, sino de cuidar de su seguridad.