jueves 29 de febrero de 2024
Cara y Cruz

Milei en una encrucijada temprana

Los gobernadores del peronismo y Juntos por el Cambio plantean el primer desafío serio a la autoridad que Javier Milei supone haber adquirido...

Los gobernadores del peronismo y Juntos por el Cambio plantean el primer desafío serio a la autoridad que Javier Milei supone haber adquirido con el 56% de los votos y los 26 puntos de distancia sobre Sergio Massa en el balotaje.

Se trata en realidad de una interpelación a la intransigente identidad libertaria con la que lubricó su ascenso hacia la Casa Rosada, que lo obliga a definirse entre las exigencias del ejercicio del poder y las demandas ultrarupturistas de su electorado más duro. Lograr ese equilibrio pondrá a prueba su temple y su potencial como estadista. Un desfiladero más estrecho si se considera la exigua representación de tropa propia que tiene en el Congreso.

El frente de los mandatarios se completó ayer con el cordobés Martín Llaryora. El frente de presión es unificado, si bien las posiciones tienen matices propios de la filiación partidaria de cada mandatario.

Los peronistas jugaron con Massa, los de Juntos con Patricia Bullrich, Llaryora con Juan Schiaretti. Todos tienen la legitimidad de los votos de sus distritos, ninguno apostó a Milei, de modo que el presidente electo debe manejarse con un universo de antagonistas condicionados por la situación de sus provincias y, al igual que él, por las expectativas de sus respectivos electorados.

Esta aparente complejidad es muy menor en comparación con la razón presupuestaria.

Los gobernadores asumen con una reducción sustantiva de sus ingresos en concepto de coparticipación federal a raíz de los cambios introducidos en el impuesto a las Ganancias por Massa, en plena campaña y con el respaldo de los caciques provinciales afines. Estas modificaciones fueron sancionadas por el Congreso y votadas por el propio Milei en la Cámara de Diputados.

Massa prometió poco después de anunciarlas que la merma en las asignaciones a las provincias se compensaría con la coparticipación del 25% del impuesto al Cheque y el 35% del impuesto PAIS, pero su derrota materializó el temido escenario del desplome.

El costo directo total de la caída de la recaudación en Ganancias será de casi 4 billones de pesos. 2,2 billones los pondrán las provincias y CABA y el resto la Nación.

En el caso de Catamarca, la restricción proyectada alcanzaría los 59.361 millones de pesos: el 6% de todos los ingresos presupuestados para 2024, el 9% de los provenientes de la Nación.

Las primeras reacciones de Milei no han sido muy auspiciosas. Recomendó a los gobernadores reducir gastos donde entiendan que pueden hacerlo para cubrir sus planillas salariales.

Es su mantra y le rinde: no hay plata. Adicionalmente, anticipó que la primera etapa de su gestión estará signada por la “estanflación” -inflación con estancamiento económico- y que la “única billetera abierta será la del Ministerio de Capital Humano para contener a los caídos”. No dijo si entre esos “caídos” contempla a los angustiados gobernadores, pero tampoco hace falta.

Massa anunció la liberación postrera de Aportes del Tesoro Nacional por $230 mil millones que le darán a las administraciones provinciales oxígeno para cumplir sus obligaciones hasta fin de año, pero el presente griego que les hizo con la baja de Ganancias es de carácter estructural y la recuperación del volumen de ingresos por coparticipación debe necesariamente pasar por un Congreso fragmentado, en estado de reacomodamiento.

La pretensión de los gobernadores es que el presidente electo cumpla la promesa de Massa y coparticipe otros impuestos.

¿Qué hará Milei?

Para él es una disyuntiva difícil, porque asumiría cediendo ante un reclamo de la “casta”. Es inevitable que se pregunte qué efecto tendría esta concesión entre sus seguidores, que lo consagraron precisamente por su encarnizada batalla contra la burocracia política tradicional.

El vínculo de Milei con su base electoral, que es el 30% obtenido en la primera vuelta, es directo, sin intermediaciones. En el balotaje se le sumó el 26% que le permitió aplastar a Massa. Casi la mitad de su caudal en la segunda vuelta votó contra Massa, no a favor de él.

Sobre esa composición debe reconfigurarse para conseguir la consistencia institucional que le garantice gobernabilidad.

Todos los gobernadores han manifestado su voluntad de contribuir a este fin, pero advierten que no será al costo de comprometer la estabilidad de sus distritos.

En esta tensión temprana se sintetiza el problema capital de la gestión Milei, que es maniobrar en una escena caracterizada por la abundancia de actores ajenos a su victoria cuya disposición a respaldarlo depende de lo que obtengan a cambio. Para llegar no tuvo que seguir el camino tradicional de cerrar compromisos previos con ellos, de manera que ninguno está en condiciones de sentirse traicionado.

Con los libertarios de la primera horneada la situación es inversa: podrían facturarle la traición a los principios en cuanto sientan que entra en componendas inapropiadas.

La factura contra la “casta” se cobró a través de él en primera vuelta. En la definición del 19 de noviembre -hace diez días que parecen una eternidad- sumó al convertirse el agente canalizador del electorado para cobrarle las deudas pendientes a Massa y el kirchnerismo.

Ahora tiene que gestionar en función de ese mandato bifronte, sobre una sociedad que aprendió con él el poder que tiene el voto para castigar.

¿Tendrá Milei la sagacidad y la aptitud para convertir esa pulsión destructiva en cimientos de una nueva construcción?

Los gobernadores lo enfrentan al dilema de Hamlet: ser o no ser.

En la respuesta está cifrada gran parte de su futuro. El fenómeno social que lo encumbró no ha dejado de latir.

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