viernes 12 de julio de 2024
opinión

Milei busca un empate

Ignacio Zuleta

Publicado en Clarín

El Gobierno se conforma con un empate: que la Cámara de Diputados insista en la versión que aprobó de la reforma fiscal, y que el Senado se lleve los laureles con lo que aprobó de la Ley de Bases. Rodrigo de Loredo lo planteó en estos términos casi brutales a Guillermo Francos el jueves, cuando le preguntó qué era lo que quería en serio la Rosada del Congreso.

El jefe de la bancada radical, junto a los otros caciques dialoguistas de la cámara baja, anotaron, atentos a esa confesión de necesidades del jefe de Gabinete para dedicarse a tramitar la transición legislativa de los dos proyectos madre del gobierno. Los dialoguistas actúan como el centrão -literalmente, "gran centro", así llaman a los dialoguistas en el Congreso brasileño-, pero suele pagar costos que después facturan otros.

Le suma complejidad a la calidad de la revisión de los proyectos en el Senado la excepcionalidad del intento de Olivos de arrastrar a la política a discutir todos los temas en el DNU 70/23 (que cojea de una pata desde que lo rechazó el Senado), y en la jibarizada Ley Ómnibus.

No es una ley, sino un container que suma muchas leyes. Salvar la ley fiscal implica recuperar el impuesto a los ingresos de los asalariados de la 4ª Categoría (Ganancias) y mejorar el impuesto a los Bienes Personales. Son dos tributos coparticipables. Salvar la Ley de Bases implicar sostener el RIGI y mejorar las regalías mineras. Son dos ventajas pronegocios.

El tiempo juega en contra

El Gobierno intenta apurar lo más posible el cierre de las dos leyes. Cuanto más lo demore, arriesga a que el debate sobre lo que negoció en secreto con los senadores enrede más las cosas. El receso de la semana cortísima impide que sesionen las comisiones que deben revisar el texto final. Las fechas ideales, según Francos les confesó a los bloques negociadores el jueves, serían la aprobación en comisión el 25 de junio, y en el recinto el 27.

Que esos acuerdos duren depende de que no se expongan en público. La Argentina es un país intoxicado por el veneno de la intransigencia. Quien negocia teme ser señalado como débil o tramposo. Los políticos débiles no pueden, como los maridos traviesos, decir nunca la verdad. La verdad os hará libres.

Rarezas y tortugas en fuga

En el debate previo a la semana del 26 el Gobierno tiene que revisar el circuito de relaciones con los gobernadores. Esperaban que operasen a su favor en el Senado en defensa de los intereses provinciales. Pero perdieron Ganancias y Bienes Personales, dos cajas coparticipables. Y seguramente por falta de votos, no porque negociasen con la Nación. Una derrota por falta de nafta, o no cargaron con la especial.

Cuando las provincias debieron defender sus intereses, les metieron 2/3 de los votos en iniciativas de fuerte interés corporativo: RIGI; impuesto al tabaco; aumento de las regalías del 3% al 5% para proyectos nuevos; y rechazo de la revisión del costo fiscal de regímenes de promoción (vulgo Tierra del Fuego). Ahí hubo tintineos de origen diverso, son leyes con nombre y apellido, se dictan a la carta.

En esos resultados hay rarezas para indagar: ¿cómo se les escapó la tortuga a la Nación y las provincias del Norte en el rechazo de Ganancias? Ese tsunami los agarró de espaldas. Si estaba pactado es malo; si se les fue de mano, es peor, para un Gobierno de contadores que echa incienso todas las mañanas sobre el excel. Rarísimo de toda rareza. Lo de Bienes Personales tiene consuelo: es un cañonazo para los contribuyentes, que si se convierte en ley pagarán más. Pero para Nación y provincias es un golazo. La van a recoger con pala.

Pobres triunfos pasajeros

Algo deberá inventar Francos esta semana para animar a los senadores a que defiendan las cajas en Diputados. Para lograrlo tiene que entrar in partibus infidelium, en tierras de infieles, como llamaba la Iglesia católica las regiones dominadas por otras confesiones. Los mandatarios más interesados en que vuelvan los tributos coparticipables son los de las provincias del Norte, varios de ellos del peronismo.

En una simplificación explicativa, esos mandatarios, en donde hay varios amigos del Gobierno (en Salta, Tucumán, Catamarca, Santiago del Estero), han entrado en tensión con los patagónicos, que voltearon esos impuestos que afectan al club del salario alto -en esas comarcas los salarios son los más altos del país-.

Para lograr adhesiones más firmes de los gobernadores del peronismo, el Gobierno tiene que encontrar una llave que hoy no tiene: intenta gobernar sin un entendimiento con el peronismo, que logró 44% de los votos en las elecciones del año pasado. Gobernar sin tener en cuenta a la mitad del electorado es un gesto simpático para los propios, pero es un programa de patas cortas. Permite logros como el de la semana pasada, pero debe interpretarlo en su verdadera dimensión:

1) Logró el quórum porque se lo permitieron cuatro opositores, dos radicales (Lousteau y Abad) y dos santacruceños (Carambia y Gadano).

2) Para lograr la aprobación en general y del primer artículo, el de las facultades delegadas por un año, tuvo que desempatar la vicepresidenta.

¿Hasta dónde se puede llegar con esas mínimas diferencias? Como dijo una vez Jorge Asís, puede ser que el chancho chifle, pero no le pidan Naranjo en Flor.

Seguí leyendo

Te Puede Interesar