En el último mapa presentado por el INADI, Catamarca aparece con niveles muy altos de discriminación a las personas que tienen sobrepeso y obesidad. Esta es una de las razones por las que se ideó la campaña contra la gordofobia, denominada "Mi cuerpo no quiere tu opinión", impulsada en la Legislatura provincial por la diputada Adriana Díaz y apoyada por el Colegio de Nutricionistas de Catamarca y el municipio capitalino.
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Mi cuerpo no quiere tu opinión
La iniciativa debe ser saludada y apoyada. El propósito no es solamente que las personas con sobrepeso y obesidad no sean destinatarios de mensajes agresivos, sino también que puedan llevar adelante una vida absolutamente normal y sin condicionamientos. Eso no sucede en la actualidad: sufren problemas para encontrar ropa de talle grande, empleo, lugares acondicionados convenientemente, por ejemplo.
Los mentores de la campaña consideran que si hay un ámbito propicio donde trabajar este tema es la escuela. En ella las chicas y chicos con sobrepeso u obesidad empiezan a sufrir la discriminación, sobre todo a la hora de la actividad física y en ella se aprende también a discriminar. De modo que es propicio aprovechar esos espacios para cuestionar que las prácticas agresivas se naturalicen. Criticarlas en este momento de la vida de niñas y niños implica también promocionar la empatía y la solidaridad como valores a los que no se puede renunciar.
Pero la discriminación invade a todos los ámbitos, incluso en donde se desarrollan las relaciones afectivas. Franco Notario, licenciado en Nutrición y autor del libro “El lado B de la obesidad”, relató que para la realización del trabajo recogió numerosos testimonios y confeccionó encuestas. El resultado de la investigación determinó que el núcleo familiar es el ámbito en donde más se discrimina, cuando se supone que debería ser el de contención.
Agustín Liarte Tiloca, Lic. en Antropología, sostiene que en la sociedad que habitamos, ser gorde es algo que no pasa desapercibido. Para muchas personas representa una pesadilla latente, generando un pánico moral ante la posibilidad de aumentar kilos y ensanchar siluetas. La categoría obesidad formula un estigma que patologiza nuestras existencias, al mismo tiempo que adosa toda culpa sobre la persona aislándola de su contexto. El sistema médico hegemónico sostiene discursos y prácticas gordo-odiantes que reducen la gordura a un padecer.
También el mundo de la medicina necesita transformar su discurso. Debería limitarse a señalar los peligros de la obesidad, las enfermedades asociadas a ella, desechando mensajes estigmatizantes como los utilizados no hace mucho por uno de los médicos más mediáticos de la Argentina, Alberto Cormillot.
La campaña "Mi cuerpo no quiere tu opinión" es un aporte concreto y, es de esperar eficaz, contra la gordofobia. Desde su propio título entrega un mensaje que es preciso tener en cuenta y popularizar.