miércoles 1 de abril de 2026
Cara y Cruz

Más papista que el papa

En una formidable ostentación de autoritarismo, la conducción de la Televisión Pública de Catamarca decidió el jueves pasado, por propia iniciativa, levantar el programa “Tirame un Centro”, que conducen los periodistas Silvio Iramaín y Mariana Quinteros Gaffet, porque en el envío del día anterior a la comunicación explícita de la censura habían difundido un informe sobre la reinauguración del Estadio Bicentenario, con una visión moderadamente crítica del proceso.

El propio Iramaín recibió la noticia de parte del hasta entonces vicepresidente del canal, Pablo Sastre, que al cabo de unas horas fue convenientemente eyectado de sus funciones. La razón esgrimida refleja un grado de insensatez alarmante y una llamativa endeblez de los argumentos: “Se levanta el programa. Arriba están recalientes”, dijo Sastre, expresión que, puede uno suponer, fue acompañada con el gesto del dedo índice señalando hacia lo alto. Pero ese gesto, se supo después, no señalaba las oficinas de las más importantes autoridades provinciales, que nada habían dicho al respecto, sino hacia apenas un escalón más en la jerarquía del canal. Más papista que el papa, la propia presidente de la TV Pública, Eugenia Rosales Matienzo, había adoptado la drástica decisión por las dudas algún funcionario se haya sentido mal por el informe periodístico, en la falsa creencia de que allí concluía el problema. No alcanzó a comprender que, en realidad, allí comenzaba.

Si la censura en los medios de comunicación, sea el censurado un periodista o cualquier persona que expresa legítimamente una opinión, es un acto incompatible con la vida democrática, mucho más lo es si se perpetra en un medio público, que debe ser garantía de la pluralidad de voces y de que esas voces puedan escucharse sin interferencias. Es grave que Rosales Matienzo, que es magister en Comunicación, no conozca un presupuesto tan elemental en el ejercicio de la profesión. Imperdonable sería que sí lo conozca, pero no le importe respetarlo.

Los rápidos reflejos políticos del gobierno provincial impidieron que el conflicto escalara. El ministro de Gobierno, Juan Cruz Miranda, y el secretario de Prensa y Coordinación, Diego Moreno, se encargaron de intervenir recibiendo a Iramaín y a representantes de Periodistas Autoconvocados, un grupo que se conformó en las horas posteriores del episodio de la censura. En el encuentro dejaron en claro que la decisión fue de la conducción del canal y que el programa no será levantado. Más tarde se conoció que, a raíz de lo sucedido, el gobierno decidió desplazar a Rosales de la conducción de “Catamarca Radio y Televisión”, aunque permanecerá, ad honorem, en el directorio, y seguirá cumpliendo sus funciones de secretaria de Comunicación.

No es el primer papelón de la funcionaria. También ostenta algunos de su época como ministra de Ciencia e Innovación Tecnológica, en el primer tramo de la gestión de Raúl Jalil. En ese cargo, se la recuerda particularmente por su intento de sacar los IES de la órbita del Ministerio de Educación, iniciativa sin fundamento alguno que se desactivó luego de que el gobierno pagase, por la lógica y unánime resistencia de la comunidad educativa, un alto costo político.

Si no es posible enumerar proyectos que justifiquen su paso por el Ministerio de Ciencia, como no sea algunos de alcance menor como la entrega de barbijos, sí quedarán en la memoria del personal a su cargo, el afán de protagonismo y ciertos comportamientos autoritarios que provocaron el alejamiento de valiosos funcionarios que trabajan bajo su órbita, cansados de chocar contra la dura pared de la impericia y la soberbia, muro que siguió edificando en su nuevo cargo de secretaria de Comunicación.

Pese al profuso historial de traspiés de Rosales Matienzo, el gobierno le ha concedido una nueva oportunidad. Un premio que, tal cual se puede apreciar luego de un somero repaso por su recorrido como funcionaria, resulta muy difícil de explicar.

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