Aunque el diagnóstico sea conocido, la voz de alerta dada por la Pastoral de Adicciones de la Diócesis de Catamarca debe atenderse responsablemente. Según un informe publicado por El Ancasti ayer, el titular de la Pastoral, Diego Colósimo, aseguró que el consumo de drogas en jóvenes y adolescentes de escasos recursos crece año tras año, con un aumento más vertiginoso desde la pandemia.
El abanico de sustancias que los chicos consumen cada vez desde edades más cortas –hay chicos que se inician a los 7 u 8 años-, es amplio. El alcohol y la marihuana suelen ser la puerta de entrada a consumos problemáticos con drogas más adictivas, fuertes y peligrosas, como el pegamento, las pastillas y la cocaína.
El consumo problemático termina asociándose a modalidades delictivas menores: hurtos de objetos para venderlos y acceder a la droga. “La realidad de la gente que nos viene a pedir ayuda es así, comienzan con un consumo liviano, pueden autoabastecerse, luego empiezan a desaparecer cosas en la casa, en el barrio, entonces generan estos consumos problemáticos con acciones delictivas”, señala Colósimo. Pero luego este accionar puede derivar en hechos más graves, incluso robos con violencia. Ya es otra escala.
El aporte de la Pastoral es valioso, y se articula con otros esfuerzos estructurados desde el Estado, a través de varios ministerios y municipios. La complementación de esfuerzos es imprescindible para no desperdiciar recursos, tanto humanos como económicos.
Un riesgo adicional es que los niños y adolescentes, que se inician en el mundo de las drogas como consumidores, luego terminen insertos como los engranajes más débiles y vulnerables de las organizaciones narcos. La crisis socioeconómica, que se ha profundizado catastróficamente desde diciembre pasado, contribuye a reclutarlos. Este fenómeno no se advierte aun con fuerza en Catamarca, pero sí en los grandes conglomerados urbanos.
Esteban Marcioni es un dirigente social que trabaja en zonas muy complicadas del conurbano. En una entrevista reciente que le brindó a eldiarioar.com, lanzó una sentencia estremecedora: “Donde se cierra un comedor, avanza el narco creando soldaditos”. Los “soldaditos” son utilizados por las organizaciones narcos para tareas de menor responsabilidad en el negocio criminal, como montar guardias en los búnkeres y vender droga. Una vez que se integran a esas bandas es muy difícil que salgan.
La profundización de la crisis y la falta de respuestas de contención social del gobierno de Javier Milei son un caldo de cultivo ideal para el doble crecimiento: de las adicciones, por un lado, y del negocio ilegal del narcotráfico, por el otro. En los barrios populares, donde eso sucede con mayor énfasis, hacen falta políticas de prevención, de contención y de reconstrucción. Es decir, a contrapelo del ideario libertario, más Estado, nunca menos.