miércoles 1 de abril de 2026
Lo bueno, lo malo y lo feo

María y la tradición indígena

Por: Luis Alberto Reyes.

Por eso los campesinos de América veneran también a las imágenes de las iglesias cristianas. Sin llamarlas huacas, las consideran como tales. Los teólogos tradicionalistas de estas iglesias ven en esta veneración rasgos de idolatría. Desde los profetas del Antiguo Testamento, la tradición hebrea intenta desprenderse del culto a los ídolos, a las cosas de esta tierra, para concentrarse en el dios invisible de los cielos.

Nunca lo ha logrado enteramente. En América, la dirigencia cristiana no ha insistido demasiado en la ortodoxia. Las más firmes en preservar el carácter abstracto del culto al dios sin rostro ni nombre propio, al que llaman “señor” o, simplemente, “Dios”, suelen ser las iglesias protestantes. Ellas se empeñan en quitarle toda imagen, toda connotación material que pueda identificarlo con este mundo.

Por su lado, el catolicismo vacila en suprimir las imágenes de sus templos. Y María, junto a los santos, sigue teniendo un lugar principal en la devoción.

Ese catolicismo es, notablemente, el de los pueblos campesinos y mestizos de América, que aceptan naturalmente lo de adorar a “la madre de Dios”, porque de eso sabían ya sus ancestros. Se reconocen en la sacralidad de las imágenes de los templos y tratan de tener algunas en sus casas, porque ancestralmente ya sabían de eso con la veneración de las conopas, las huacas móviles. Y también sabían lo de vestir santos, de servirles, de sacarlos en procesión. Es lo que han hecho: desde siempre con sus huacas y continúan haciéndolo con los santos católicos.

En la veneración a María y a sus imágenes como la de la Virgen del Valle, y otras de sus avocaciones a lo largo de América, se une la prédica de los sacerdotes a la teología indígena de la sagrada madre y de las expresiones materiales de lo sagrado. Es sagrado un cerro como lo es una imagen en el templo o un altarcito de santos, estampitas y velas al costado del dormitorio campesino.

En lo que sabemos de María hay elementos que la hacen compatible con estos modos de experimentar la religiosidad: el hecho de que aparezca en el mito de Belén, la acerca a las tradiciones indígenas, fundadas en historias que explican el Mundo. Se trata de algo más que de la idea de un dios invisible. María es protagonista del terrenal relato de una familia de tiempos originarios, el relato de un drama que da sentido a todo lo que vendrá después.

Es la versión cristiana del mito indígena ancestral de la madre que concibió al Dios.

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