Pía Cabral
Pía Cabral
“Alta tensión en alto vuelo, poesía con una oscuridad quemándose viva”
(Teuco Castilla)
Marcelo Ahumada nació en Catamarca en 1971. Su primera publicación fue una plaqueta de poesía: Cortafuegos (1), con ilustración de otro poeta, Leopoldo “Teuco” Castilla, curador de la edición. Eso fue en 2009, Ahumada tenía 38 años y ya había ganado algunos premios como el Premio Federal Poesía (2003) y Cuento para la región NOA (2004), Premio Federal de Ensayos (2004), y Bicentenario 2008. Además, había sido incluido en la antología Poesía Joven del Noroeste Argentino, compilada por Santiago Sylvester (Fondo Nacional de las Artes 2008). Estaba próximo a publicar su primer libro: El Primogénito (2).
No puedo decir que Ahumada me guste. No es posible ajustar la medida de sus palabras a una adjetivación frugal. Desde que lo descubrí, vuelvo de manera recurrente a su poesía por el morbo y la belleza del espanto.
“Escribo por venganza”, oí decir en alguna oportunidad al poeta cordobés César León Vargas, sin miedo a equivocarme, alego que la poesía de Ahumada puede ajustarse a aquella invocación del poeta que sale de los márgenes de la poesía regional en una náusea que lo define y delinea la sombra de sus palabras.
De esa construcción de enojo y protesta nace Historia Argentina (3), un compendio de tres obras: Virreynato (4), Historia Argentina (5) y Kaddish (6).
La expulsión de los derrotados es su propia historia de expulsión y exilio (hacia Santiago del Estero). La marginalidad de los vencidos, vengados en una poesía potente y personal, sin despeñar en personalismos.
“la virreina agoniza
en la oscuridad
queman sus cartas cerradas
las avanzadas llegan
a las playas secas
del río
la enterrarían de a pedazos
como si se hubiera caído
de las manos
entre las rompientes de un mar inalcanzable”
(7)
Hay una identificación entre el sujeto de enunciación y los actores que refiere. Una “palabra poética”, que a su vez es “palabra histórica”, al decir de Octavio Paz (8), que hila la historia de sometimiento y rebelión en tres instancias históricas tomadas a su arbitrio. En todo caso, sobre el compendio de Historia Argentina cabe aquello del mejicano de que “la historia es el lugar de encarnación de la palabra poética”.
“llueve cerveza de sorgo
el funeral
es algo contagioso
aunque yo no muera
los indios mueren...”
Marcelo Ahumada encarna con su propia historia el ritmo de hechos históricos y les consagra su propia poética. Eterniza la métrica de un tiempo que vuelve suyo para poder decir su propio dolor. Sabe que el tormento es anterior y que esa misma experiencia se reencarna, incesantemente.
En Kaddish, Ahumada enlaza una secuencia que inicia con El Primogénito. “El libro de Rut”: un rezo al espectro vivo de su madre. Un poema de diez páginas narrado a lo Allen Ginsberg (9).
“En las alturas rezas
en esa cruz rezas
en esa cama donde deliras, rezas
en ese amanecer rezas
y ya nadie te perdona
no has atendido nuestras súplicas
señor Yahvé señor de mi mamá
más allá de nuestra imaginación
ahora que estamos lejos dentro del este
se ha corrido el país
se va yendo dejándonos
en un manicomio
madre
sedada
sin perdón...” (10)
“te canalizan con morfina
madre omnipresente
en las paredes del edificio
lejos de tu sanatorio
Cristo ten piedad
los griegos asoman
por los ríos ibéricos...” (11)
En Cortafuegos, Ahumada es el poeta en la circuncisión de su alma. Una mirada al yo, al escritor gay en grito con el amor y la sexualidad.
“el cielo de adentro
el amor es una boca una fauce
golpea esta parte del mundo
me golpea el cielo de los ascensores
todos estos árboles no parecen tan viejos como yo
creo que deberías dormir solo esta noche
el amor es una roca
una piedra que viaja por sangre despierta la selva inquieta
debajo del cielo de adentro
el cielo de mi
te veré más tarde
el día es un campo dormido no quiero morir...” (12)
“la lluvia y la soledad
se parecen
los paraguas son una confesión
de hombres solos
nunca sé cuando tomar un momento
torpe te vas
ando siempre detrás de mí
como si no me perteneciera...” (13)
Abro El Primogénito. Imagino una dedicatoria. Tiemblo. Sé que estoy ante un poeta cierto. Hay una sinapsis beligerante entre la belleza de su construcción poética y el efecto fisiológico de sus versos.
Madrenaturaleza
I
Marcelo
¿tenés lexotanil?
no tengo madre
no tengo lexotanil pero sí tengo madre
no tengo padre
le digo: no tengo madre
aunque tenga lexotanil y no tenga madre y tenga esta
[noche abierta
Como un tajo en mi cadáver
no le daré una de mis pastillas
que su noche
le traiga desesperación
y lobos
papeles de la noche
Cayendo... (14)
“Los poetas malditos no son una creación del romanticismo: son el fruto de una sociedad que expulsa aquello que no puede asimilar” (15)
La obra de Ahumada admite otros análisis: no necesita puntuaciones ni excede en adjetivaciones. La densidad de cada palabra le da a su poética su propia cadencia. Tiene un manejo profundo de las posibilidades de construcción del poema. Puede analizarse con interés, además, el ritmo verbal de la poética de Ahumada, cuestión que puede abordarse en una próxima entrega.
Notas:
1- (2009). Ediciones El Zorrito.
2- (2009). El Suri Porfiado.
3- (2020). Compendio publicado por Ediciones del Dock.
4- Publicado en 2012.
5- Publicado en 2020.
6- Publicado en 2017.
7- Virreynato.
8- (Octava reimpresión, 2011). El arco y la lira.
9- Ginsberg, A. (1961). Kaddish.
10- Ahumada, M. (2020). Kaddish, Historia Argentina. Ediciones del Dock.
11- Ahumada, M. (2020). Kaddish, Historia Argentina. Ediciones del Dock.
12- Cortafuegos.
13- Cortafuegos.
14- El Primogénito.
15- Paz, O. El arco y la lira.