El proyecto para suspender las PASO que se presentó inmediatamente después de la aprobación del Presupuesto tiene como móvil principal la fragilidad del cristinismo frente a los intendentes y organizaciones sociales de la Provincia de Buenos Aires. Las condiciones de La Cámpora para dirimir candidaturas en primarias con esos aparatos es, incluso con Cristina como candidata a senadora, muy desventajosa, y por eso promueve el armado de mesas para acordarlas por consenso. Máximo Kirchner señaló incluso como una extravagancia que un presidente aspirante a la reelección, como Alberto Fernández, sea desafiado por un postulante de su propio partido.
Esta necesidad que atormenta a la herramienta electoral de su Vicepresidenta, que apunta a refugiarse en Buenos Aires para resistir en lo que considera una segura derrota a nivel nacional, devuelve algo de oxígeno al devaluado Fernández, cuya anuencia para tratar de sancionar la suspensión en el Congreso es indispensable, sea porque es él quien debe convocar a sesiones extraordinarias para tratarla o porque, llegado el caso, podría vetarla y forzar de este modo una nueva y onerosa ronda tratativas parlamentarias.
Las urgencias kirchneristas son de tal magnitud que el propio ministro del Interior Eduardo “Wado” De Pedro, a quien Máximo mencionó como presidenciable, se involucró en la presión sobre el mandatario.
“La discusión que hay sobre las PASO es pública, y el 100% de los gobernadoras y las gobernadoras del Frente de Todos se manifestaron a favor de que no haya cuatro elecciones en el año. Así como tenemos el argumento de la guerra y la pandemia. Las discusiones internas se tienen que dar dentro de cada fuerza política, eso revitaliza la discusión interna, eso es lo que plantea la mayoría del Frente de Todos, que son los gobernadores, los intendentes, las gobernadoras y las intendentas”, dijo.
Fernández pidió por su parte “que no se tergiversen los procesos electorales que están en marcha”.
El mandatario se escuda en un argumento razonable desde el punto de vista institucional: no es sano modificar las reglas de juego de acuerdo a las conveniencias coyunturales.
El intendente de la Capital, Gustavo Saadi, se pronunció en idéntico sentido.
“Hoy, la decisión de las PASO si o no tiene que ver con lo estrictamente electoral. O sea: me conviene o no me conviene. Las PASO democratizan”, señaló.
No obstante, reiteró que el sistema podría perfeccionarse.
“Coincido con Lucía Corpacci, creo que el plazo es largo desde las PASO a las generales. También creo que, si las elecciones son en marzo, es muy complejo hacer las PASO en enero, cuando la ciudadanía está de vacaciones. No nos acompaña el clima, tampoco. Se puede revisar. Hay otro sistema, en el que el mismo día son las PASO y las generales, para tenerlo en cuenta”, consideró.
La toma de posición del intendente incluyó que las elecciones provinciales tienen que hacerse en marzo, con un detalle interesante.
“No me gustan mucho las elecciones simultáneas nacionales, provinciales y municipales. Puede ser que se economice, pero el vecino y la vecina tienen que tener claridad de lo que votan”, evaluó.
Es llamativo que haya mencionado las elecciones municipales en su análisis sobre las confusiones que podrían inducir los comicios simultáneos, pero independientemente de las conjeturas se asiste a un escenario donde el sistema electoral es sometido a manoseos. Para ser justos, hay que recordar que también Mauricio Macri estimaba cuando era Presidente que no debían celebrarse PASO.
Sería bueno que estas deliberaciones se llevaran adelante cuando los espíritus estén menos afectados por ansiedades electorales. La historia local demuestra que las aflicciones por la incertidumbre dependen del lado que el afligido se encuentre. Preocupa menos cuando se tiene el poder de decisión, como recordarán los radicales que ahora la exigen con la misma intensidad que antes la promovían.n