jueves 24 de noviembre de 2022

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Cara y Cruz

Malestar que crece

Como era de esperarse, las tratativas con ATE-Salud para tratar de terminar con el conflicto...

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Como era de esperarse, las tratativas con ATE-Salud para tratar de terminar con el conflicto del sector antes de que el fin de la conciliación obligatoria vuelva a desencadenarlo fueron un fracaso.

El sindicalista José “Tato” Traverso sinceró ayer la naturaleza de la controversia, antes de ratificar que la movilización y las medidas de fuerza continuarán cuando los plazos legales de la conciliación lo habiliten.

A su criterio, es “una burla” que el Gobierno pretenda hacerlos firmar el mismo acuerdo que cerró con ATSA y UPCN, los gremios de la CGT, en lugar de discutir a partir el reclamo de un aumento del 100% que hace ATE.

“Sabemos que no saldrá un 100%, pero negociemos desde ahí”, planteó.

Es decir: ATE-Salud requiere que un eventual acuerdo refleje que se le dio un tratamiento distinto al de los contertulios dilectos del Gobierno.

La interna sindical entinta la escena, en el caso de Salud con un elemento singular: el Gobierno no negocia con una Intersindical, como ocurre con Educación, sino con agrupaciones enfrentadas decididamente con ATSA, que lidera el secretario general de la CGT, Leonardo Burgos.

Esto lo coloca en medio de una pinza. Lo que Traverso exige es que ATE sea considerada en pie de igualdad con los cegetistas, algo a lo que tanto ATSA como UPCN se resisten. Sin embargo, como representación de los agentes de la administración pública UPCN parece tener una legitimidad mucho mayor que Burgos, quien lo único que consigue con sus intervenciones es estimular el conflicto.

El cada vez más cerril rechazo de ATE-Salud y los Autoconvocados a la figura del sanitarista no tiene correlato en la relación entre los gremios estatales y UPCN, que es mucho menos tensa.

Las dificultades se acentúan por la política esquizofrénica del Gobierno, que desacredita a ATE y los Autoconvocados pero los recibe y debe poner la cara por disposiciones instigadas por Burgos, como el descuento de los días de paro para los Autoconvocados, a quienes acusa por añadidura por “abandono de persona”.

La dinámica del enfrentamiento entre los gremios de Salud condiciona todas las negociaciones y promueve escaladas. Los distintos grupos extreman exigencias para aventajar a sus rivales y arrebatarles afiliados.

Es, en última instancia, una pelea por el encuadramiento sindical de los agentes del sector Salud en la que los intentos del Gobierno por sostener a Burgos naufragan sistemáticamente, encadenados a torpezas como la de los despidos a contratados que fueron repudiados hasta por los legisladores oficialistas y tuvieron que revertirse.

Aquella medida había sido instrumentada por la ministra de Trabajo, Verónica Soria, en cuya órbita está la administración de los recursos humanos, pero la falla es de la ministra de Salud, Manuela Ávila, que no ha aparecido para nada a lo largo de los tres meses que lleva el conflicto.

Las deficiencias políticas del Gobierno son ostensibles.

La obligación funcional de evaluar el impacto de lo dispuesto por Trabajo era de la titular de Salud ¿Para qué está, si no? El intendente de Tinogasta debió viajar al galope para implorar la marcha atrás porque su distrito se le había alzado en piquetes de rechazo a los despidos. Recién asumido al frente de la cartera de Gobierno, Juan Cruz Miranda, tuvo que abocarse de inmediato a sofocar los focos de incendio para evitar un desmadre.

En perspectiva, el conflicto de Salud condensa un malestar que cunde en la administración pública y obedece sobre todo a la falta de tino de sus funcionarios. Es un sector en el que el rencor por las arbitrariedades madura. Sectores del oficialismo advierten cómo se expande este sentimiento. Crece la preocupación por el impacto que podría tener en el campo electoral.

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