La gestión de la intendenta de Valle Viejo, Susana Zenteno, está envuelta en una polémica cuyo carácter insólito queda desdibujado solo por algunos precedentes que la inscriben dentro de las habitualidades de la comuna: la instalación defectuosa de los reductores de velocidad conocidos como “lomos de burro”.
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Los lomos estratégicos
Ayer, los concejales oficialistas tuvieron que hacer valer su mayoría para rechazar el tratamiento de un pedido de informes presentado por el opositor Gerónimo Cabrera para conocer detalles de la obra. Al edil le interesan en particular los costos, ya que Zenteno admitió que, si bien fue un desastre y tendrá que volver a hacerse, la experiencia sirvió como “aprendizaje”.
Si el mecanismo pedagógico de prueba y error es el seleccionado, ni pensar en lo que podría llegar a costar la capacitación del funcionariato chacarero en asuntos más complejos.
Por lo pronto, el Municipio se niega a revelar cuánto salió el trabajo práctico de los “lomos de burro”, que se colocaron y quedaron destruidos casi de inmediato, en cuanto les pasaron por encima las primeras bicicletas.
Se desconoce también si el costo de la prueba fue incluido en el proyecto, que fue ejecutado por la Dirección de Inspección General y Tránsito de la comuna en septiembre. Debe ser que sí, porque forma parte del “Plan Estratégico de Fortalecimiento de la Seguridad Vial” presentado en agosto.
“Estratégico”, ojo al parche. Valle Viejo no improvisa ni cuando tiene que poner lomos de burro, como ya habrá advertido la comunidad cuando la intendenta Zenteno promocionó a nivel nacional el novedoso “arbitraje de halcones” en la Cuesta del Portezuelo como atractivo turístico.
Los “lomos de burro” se postularon como un elemento central del programa de seguridad vial.
“Uno de los pilares de este plan se basa en la construcción de reductores de velocidad de modelo trapezoidal, homologados por la Agencia Nacional de Seguridad Vial, ya que cumple con plataforma de seguridad peatonal y no genera deterioro en la amortiguación de los vehículos”, explicó el municipio en el anuncio. Respiraron aliviados los automovilistas. Solo les hubiera faltado que los artefactos preventivos se sumaran a los baches para agredirles los sufridos amortiguadores.
Renuentes a responder las inquietudes de la oposición, los asesores del municipio evalúan la posibilidad de demandar a la Agencia Nacional de Seguridad Vial porque los dispositivos no duraron a pesar de que su construcción se ajustó al “modelo trapezoidal” homologado por el organismo, que debe estar manejado por unos irresponsables.
“La construcción de estos reductores –fundamentaron los ideólogos del plan estratégico- tendrá como finalidad incentivar el uso de la senda peatonal para ofrecer zonas seguras de cruces de calles. Se proyecta construir reductores en zonas escolares, como en aquellos lugares considerados potenciales de alta siniestralidad”.
Tantas alharacas estratégicas desplegadas en la previa no hacen más que asentar la impresión de que el área de Inspección General y Tránsito del municipio está en manos de unos chantas de alto calibre.
Si ni unos elementales lomos de burro como la gente estuvieron en condiciones de poner, encima considerados “uno de los pilares” de su “plan estratégico”, que cabe esperar del resto.
Uno no puede más que compadecerse de suerte de la pobre Zenteno. Como si los crueles comentarios acerca del “arbitraje de halcones” no fueran suficiente padecer, el prestigio de su gestión tiene que absorber ahora el impacto de las hazañas perpetradas por sus expertos en seguridad vial, para colmo precedidas de tamaña promoción.
Aguanta estoica, como leal líder que es, pero es casi seguro que no les encargará a ellos el “plan estratégico” para su reelección.
“Casi” seguro: conociendo el paño, por ahí no escarmienta ni con semejante papelón.