Los adolescentes necesitan ser escuchados, comprendidos y acompañados. Esa es una de las principales conclusiones que recogió este año el Programa Provincial de Prevención del Suicidio a partir de su trabajo en escuelas y comunidades de Catamarca.
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"Los adolescentes no se sienten escuchados, comprendidos ni aceptados"
El coordinador del Programa de Prevención del Suicidio, advirtió que muchos jóvenes no encuentran espacios de escucha y pertenencia
En ese contexto, el coordinador general del organismo, Pablo Urquiza, confirmó que el Ministerio de Salud ofreció asistencia al Colegio Pia tras el caso que tomó estado público, pero la institución decidió no aceptar la intervención. “Nos encontramos con muchas situaciones donde los adolescentes no se sienten escuchados principalmente, no se sienten comprendidos, no se sienten aceptados algunas veces”, explicó Urquiza en diálogo con El Ancasti. Según señaló, esa falta de escucha puede profundizar sentimientos de soledad y de no pertenencia, especialmente durante una etapa atravesada por cambios, dudas e inseguridades.
El funcionario aclaró que el programa trabaja con escuelas públicas y privadas a partir de las demandas que recibe. En el caso del Colegio Pia, indicó que la Secretaría de Salud Mental puso a disposición sus equipos desde que se conoció la situación, aunque las autoridades del establecimiento optaron por no avanzar con esa propuesta.
“Nosotros desde el Ministerio de Salud estamos abiertos a todo y quedamos siempre a disposición para lo que sea necesario”, sostuvo Urquiza. También remarcó que cada institución tiene libertad para elegir con quién trabajar, pero consideró fundamental que el acompañamiento sea integral y contemple a las distintas personas involucradas.
Escuchar es prevenir
El trabajo del programa en las escuelas se organiza en dos etapas. La primera está dirigida a los estudiantes y busca fortalecer los vínculos, reconocer redes de apoyo y brindar herramientas para acompañarse entre pares. La segunda está destinada a docentes, preceptores, directivos y otros integrantes de la comunidad educativa, para que puedan reconocer señales de alerta y saber cómo actuar.
Entre esas señales, Urquiza mencionó los cambios de comportamiento, expresiones vinculadas con la desesperanza o la muerte y publicaciones en redes sociales que pueden reflejar malestar. Advirtió que no deben pasarse por alto comentarios como “qué ganas de no estar” o “qué ganas de morirme”.
Pablo Urquiza
Coordinador en salud mental
El coordinador también explicó que durante la adolescencia el sentido de pertenencia adquiere un peso importante. La necesidad de ser aceptado por un grupo puede llevar a algunos jóvenes a reproducir conductas con las que no están de acuerdo, por temor a quedar afuera.
“Uno puede hacer ese acompañamiento, que tiene que ver también con la escucha, con la validación, pero también con ofrecer alternativas”, señaló. En ese sentido, explicó que reconocer las emociones de un adolescente no significa justificar conductas violentas, sino ayudarlo a expresar lo que siente y encontrar otras maneras de afrontar los conflictos.
El programa también identificó situaciones de violencia digital y escolar, como grupos de WhatsApp utilizados para hostigar a compañeros o difundir imágenes íntimas. Frente a este escenario, se trabaja en una propuesta articulada entre Salud, Educación y Seguridad para coordinar acciones preventivas y evitar intervenciones aisladas.
Espacios
Urquiza adelantó que durante la primera semana de noviembre el programa prevé poner en marcha nuevos puntos de atención comunitaria en la zona norte, la zona sur y el área de Valle Viejo y Fray Mamerto Esquiú.
La propuesta será de demanda espontánea: las personas podrán acercarse durante los horarios de funcionamiento para tener un primer espacio de escucha y contención, sin necesidad de solicitar un turno previo. A partir de la valoración de cada equipo, se determinará el acompañamiento y el seguimiento que corresponda.
La iniciativa busca reducir las barreras que dificultan el acceso a la atención, como los costos y las distancias para trasladarse hasta un centro de salud. Según explicó el coordinador, la intención es facilitar una primera consulta y sostener el acompañamiento cuando sea necesario.
El programa también ofrece consejería para madres, padres y referentes afectivos, con herramientas para acompañar a niños y adolescentes. Para Urquiza, la prevención no puede quedar limitada a una intervención puntual: necesita la participación de las familias, las escuelas y los equipos profesionales.
La advertencia que surge del trabajo territorial es clara, muchos adolescentes atraviesan situaciones de malestar sin encontrar a quién recurrir. Por eso, generar espacios donde puedan hablar sin temor a ser juzgados y donde sus emociones sean tomadas en serio resulta central para detectar a tiempo las señales de alerta y construir redes de apoyo.
