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Editorial

Límites que no se pueden cruzar

Cuando una persona se convierte en dirigente político y con más razón cuando, en ese carácter...
30 de junio de 2023 - 00:35

Cuando una persona se convierte en dirigente político y con más razón cuando, en ese carácter, se postula a alguna candidatura, tiene responsabilidades adicionales a la de cualquier ciudadano. Por ejemplo, su comportamiento público tiene que ser congruente con sus aspiraciones de ejercer la representación popular. Y los mensajes o discursos que emite deben ser, por sobre todas las cosas, respetuosos de la buena convivencia democrática y, de más está decirlo, de los derechos de todos.

Lo dicho, por cierto, en el plano teórico. Dentro de lo razonable pueden esperarse y hasta tolerarse algunos exabruptos en el contexto de la ríspida disputa política, sobre todo en medio del proceso electoral. Pero hay límites que no se pueden cruzar porque implican claudicaciones éticas, intentos de conculcar derechos, justificaciones de delitos aberrantes o, directamente, apología del delito.

En los últimos días se han registrado algunos casos que merecen analizarse, pues se enmarcan en las actitudes mencionadas. Lucas Luna, que era precandidato al Parlasur por La Libertad Avanza, la fuerza que tiene a Javier Milei como su principal referente, señaló, refiriéndose a Franco Rinaldi, candidato a legislador porteño en la lista de Juntos por el Cambio, que nadie votaría jamás a un discapacitado”. Rinaldi tiene movilidad reducida y se desplaza en silla de ruedas.

Por el mismo andarivel, otra dirigente libertaria, en este caso de la provincia de Córdoba, Verónica Sikora, candidata a intendente de la capital, fue muy crítica del candidato a gobernador de Juntos por el Cambio en esa jurisdicción, Luis Juez, por concurrir a votar acompañado de su hija, que padece parálisis cerebral. “No lo conozco y no tengo nada personalmente con él, pero cualquier padre que tenga un hijo discapacitado, un bebé, o una persona que no se valga por sí misma, no va a votar con el hijo, mostrándolo ahí. Es muy bajo, le digo yo que la dejaría con su madre”.

Tanto Luna como Sikora, presionados, terminaron renunciando, uno como precandidato y la otra como dirigente.

En Chacabuco, provincia de Buenos Aires, Silvia Gorosito, una exconcejala, fue procesada por “apología del crimen” a raíz de una publicación en sus redes sociales del pasado 24 de marzo. Al posteo de una foto de un avión Hércules del Ejército lanzando personas al vacío, tal como sucedió con frecuencia durante la última dictadura militar, le añadió el mensaje “Feliz Día del Montonero”. La dirigente fue embargada en 200 mil pesos y puede ser condenada de un mes a un año de prisión.

La discriminación, el rechazo a los procesos inclusivos de las personas con discapacidad, el negacionismo y la apología del delito son actitudes condenables siempre, pero particularmente cuando incurren en ellas dirigentes que representan, representaron o intentan representar, al resto de los ciudadanos. La buena noticia es que no pasaron inadvertidas ni quedaron impunes. No se puede nunca y menos en democracia, trasponer ciertos límites.

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