domingo 25 de febrero de 2024
Cara y Cruz

Las PASO del debate

El primer debate dejó la impresión de que los candidatos a presidente pactaron no excederse con los ataques mutuos...

El primer debate dejó la impresión de que los candidatos a presidente pactaron no excederse con los ataques mutuos. Hubo chicanas, es cierto, pero fue muy notoria la abstención de ahondar en temas que, por elemental lógica, se esperaba irrumpieran con fuerza en la agenda, sobre todo en el momento de las preguntas y réplicas. De hecho, los contendientes comenzaron a desarrollar algunos asuntos que quedaron picando en Santiago del Estero después, ya sin el riesgo de respuestas inmediatas. Patricia Bullrich, por ejemplo, cargará con una denuncia penal contra Javier Milei por acusarla de poner bombas en jardines infantes, en una escalada de la confrontación que quedó trunca en la discusión cara a cara.

El mayor beneficiario de este estilo moderado fue Sergio Massa, que apenas tuvo que tolerar insinuaciones sobre los casos de corrupción cuando horas antes había reventado el incidente de las lujosas vacaciones en Marbella de Martín Insaurralde y la modelo Sofía Clérici. Sus adversarios tenían para hacer dulce, pero no lo incordiaron con el asunto y apenas hubo unas alusiones al pasar de Bullrich y Myriam Bregman.

Habrá sido por consejo de sus asesores, en base a sondeos que tal vez marcaran que la agresividad era inconveniente. O porque lo de Santiago fue solo un round de estudio, una especie de PASO del debate real que se producirá el próximo domingo en CABA, al que los contrincantes llegarán ya con los puntos más flacos de sus rivales estudiados. El caso es que hubo incluso intercambios en los que las preguntas parecían servidas para que el interlocutor contestara lo que quería.

“Un debate guionado”, sintetizó el exsenador Augusto “Choclo” Alasino, aunque en algunos pasajes los actores se apartaran del diálogo. No demasiado.

Dos novedades se recortaron: el peso virtual que anunció Massa y la decidida objeción de Milei a la perspectiva histórica sobre la dictadura, con la recuperación de la teoría de los dos demonios.

Si bien es cierto que su candidata a vicepresidenta Victoria Villarruel suscribe esta visión de los hechos, lo de Milei fue un parteaguas mucho más fuerte: para él hubo guerra, los crímenes de las organizaciones guerrilleras son equiparables al terrorismo de Estado y las violaciones a los derechos humanos fueron “excesos”. Las contundentes pruebas del juicio a los jerarcas militares realizado en 1985 desmienten esta narrativa, pero Milei reabre la discusión quizás porque le rinde electoralmente. Estribaciones de la degradación general.

El segundo debate vendría a ser la primera vuelta retórica, a dos semanas de la elección de la que surgirán los antagonistas definitivos. Los candidatos ya llegarán con datos del análisis pormenorizado de las repercusiones del primer intercambio e información valiosa para lastimar. Es más probable que allí se desenfrenen los espíritus.

De los cinco, solamente Massa y el cordobés Juan Schiaretti incorporaron elementos dirigidos al interior y referencias al federalismo. Ambos coincidieron en la necesidad de superar el esquema concentrado en el eje metropolitano. En el caso de Schiaretti, se trata de su bandera más fuerte. Massa le preguntó cuál era su propuesta para el norte.

Ninguno de los dos indagó al resto sobre el particular. Raro, sobre todo respecto de Milei, que tiene entre sus propuestas la eliminación del régimen de coparticipación federal, carece de representación institucional fuera del AMBA y concentra toda su energía en la ciudad y la provincia de Buenos Aires. La Libertad Avanza realizó incluso una reunión en la Legislatura bonaerense enchastrada por el caso de Julio “Chocolate” Rigaud y las tarjetas de débito para analizar mecanismos de salida del sistema, de la que no participó un solo referente del interior. Abundaron las quejas por el escaso porcentaje de recursos coparticipables que liga Buenos Aires. No hubo alusiones, en contrapartida, al costo que le demanda al país la corrupción de la política en el área, de la que “Chocolate” y Martín Insaurralde son emergentes.

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