sábado 28 de enero de 2023

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Editorial

La urgencia de un cambio cultural

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Dos hechos ocurridos en los primeros días del 2023 reflotaron el debate acerca de la violencia en los jóvenes y la necesidad imperiosa de un cambio cultural que debe tener como base la familia en todas sus formas y las instituciones educativas.

Uno de los acontecimientos es el juicio contra ocho jóvenes que están acusados por el asesinato de Fernando Báez Sosa, ocurrido en las afueras de un boliche en Villa Gesell, en enero del 2020.

“Amigo, flasheamos, matamos a uno”. “Nos peleamos, ganamos contra unos chetos, los rompimos. Nos vamos al centro a premiar”, son algunos de los chats que se difundieron durante la audiencia del martes y que reflejan la frialdad con la que actuaron los sospechosos tras la brutal golpiza a Báez Sosa. El contexto había sido el de una escaramuza en el boliche Le Brique. Los patovicas sacaron a los jóvenes, quienes continuaron la pelea en la calle. En la vereda fue brutalmente atacado Báez Sosa cuando ya estaba en el suelo. Los sospechosos tenían entre 18 y 20 años al momento del episodio.

El otro caso fue en Jesús María, sede del Festival de Doma y Folklore, en donde Agustín, un chico de 16 años, murió tras ser apuñalado durante un enfrentamiento. Con el correr de las horas la Policía determinó que el supuesto autor de la agresión es un adolescente de 15 años, quien habría actuado junto a otras personas. La madre de la víctima desmintió que se haya tratado de una pelea de bandas. Dijo que estaba con su familia y un amigo y que todo se desencadenó por el robo de una gorra. “No fue una pelea, eran veinte chicos y chicas abusando de mi hijo”, expresó.

El sospechoso había publicado días atrás, “dale que se viene la doma y arruinamos caritas de afuera, no los vamos a dejar vivir. Bajan a uno, nos van a tener que bajar a todos”.

En Formosa, Santa Fe y Buenos Aires hubo otros incidentes– no con la pérdida de una vida – pero sí con golpizas entre jóvenes como rasgo distintivo.

Ante estos casos emerge la violencia como el único método para dirimir las diferencias. La agresión física para imponerse sobre el otro. La aniquilación sin miramientos.

Resulta inevitable repensar sobre la necesidad de un cambio cultural que tiene como punto de partida cada hogar y que se debe trabajar de manera paralela durante los años de escolaridad. En ese sentido, pretender un cambio cultural sin incluir la temática de la masculinidad, resultará en vano.

El flagelo de la violencia de género pone el foco sobre las víctimas y se tejieron redes de contención para aquellas mujeres que están en situación de vulnerabilidad y quedan desamparadas. Las legislaciones también han sido orientadas en ese sentido, pero las estadísticas indican que los hechos de violencia de género no han disminuido. Por tal motivo, no se puede pensar un cambio en la matriz sin la inclusión de la masculinidad como parte de la problemática.

El aparato actúa sobre el varón cuando los hechos ya fueron consumados. Lo condena y lo invisibiliza en una celda. Nada asegura que una vez que recupere la libertad no vuelva a reincidir.

En ese sentido cobra valor el trabajo sobre las masculinidades y el rol de los mandatos patriarcales. El hecho de intentar desterrar la idea de que la masculinidad es sinónimo de insensibilidad y que el empleo de la fuerza es el método para demostrar virilidad. Esta es una tarea pendiente como sociedad en el marco de lucha para erradicar la violencia en todas sus formas.

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