viernes 5 de abril de 2024
Mirador Político

La tregua y las revelaciones que vienen

Si se relativiza la retórica bélica de su discurso, Javier Milei pidió el viernes una tregua. Nada cambió...

Si se relativiza la retórica bélica de su discurso, Javier Milei pidió el viernes una tregua. Nada cambió, la agresividad sigue incólume, pero ofreció a los gobernadores la alternativa de un pacto fiscal a cambio de que respalden su programa.

Esta oferta es lo medular de su primer mensaje a la Asamblea Legislativa. La estética norteamericana lindante con el grotesco -precedida por posteos en Twitter en los que aparecía con su rostro en la estatua de la Libertad de New York o con parte de sus ministros en la escultura del monte Rushmore-, el cambio de horario del informe al pueblo de la Nación, la insistencia en fustigar la política tradicional, las provocaciones a los legisladores, no fueron más que envoltorios marketineros diseñados para intentar disimular que pretende iniciar una nueva etapa signada por tratativas para él inadmisibles: canjear la previsibilidad financiera que supone un acuerdo fiscal por el apoyo de los caudillos territoriales a su Ley de Bases.

Es un cambio en la actitud presidencial de primer orden. Milei acaba de aceptar que no podrá llevar adelante sus políticas sin un esquema de acuerdos con la casta política que vitupera.

En 2016, Mauricio Macri también se vio obligado a celebrar un pacto fiscal con las provincias cercado por tres sentencias de la Suprema Corte inminentes que lo obligarían a devolver recursos: la coparticipación del 30% del Fondo Sojero que había derogado por decreto, la restitución del 15% de los fondos coparticipables que la Nación retenía para financiar el sistema previsional y el descongelamiento del Fondo de Conurbano Bonaerense. Hubo acuerdo y los gobernadores –entre ellos Lucía Corpacci-operaron para que se aprobara en el Congreso la reforma previsional.

Las tres toneladas de piedras con las que el macrismo se victimiza son una anécdota. Los cambios en el sistema previsional se sancionaron.

Rendición

Frustrado, Milei inicia el mismo derrotero pactista, aunque con algunas ventajas evidentes que mejoran su capacidad de negociación.

El Presidente cabalga con el viento a favor del enorme desprestigio del sistema político que él llama “la casta”.

Ha conseguido instalar en la opinión pública un criterio central para su estrategia discursiva: casta es todo aquel que no adhiera su proyecto. Basta con cruzar el Jordán libertario para purificarse.

Lo dijo explícitamente en su mensaje al Congreso, en el que al mismo tiempo que propuso la tregua emplazó a la casta con una fecha: el 25 de mayo debe firmarse el “Pacto de Mayo” en Córdoba. Quienes no lo suscriban quedarán sujetos al inapelable fallo del Principio Revelación, condenados como enemigos del cambio y traidores a la decisión del pueblo argentino que le dio a Milei el 56% de los votos en el balotaje.

A este horizonte terminal del 25 de mayo se arribará previo cumplimiento de otras palinodias. El Jefe de Gabinete y los ministros del Interior y de Economía fueron encomendados para convocar a los gobernadores a la Casa Rosada para comenzar a perfeccionar el famoso Pacto de Mayo, cuya confección está vinculada a la Ley de Bases, más conocida como Ley Ómnibus.

Faltar a las citas del Jefe de gabinete y los ministros implicará quedar incurso en el delito de alta traición a la Patria, que el tribunal libertario sanciona vía escraches por las redes sociales.

El otro brete de Revelación serán las leyes “anticasta” que Milei promoverá. Ay de quien se oponga u ose expresar un matiz. También quedará en la línea de fuego de los “tanques” virtuales de La libertad Avanza.

La tregua que Milei propone a las provincias es una muestra de flexibilidad que contradice la intransigencia de su prédica, pero los acuerdos que tiene en vista comenzarían a tramarse bajo un condicionamiento determinante.

Porque tiene cola de paja y le teme al fuego o porque especula en exceso, la casta política se autoinvalida para resistir las arremetidas del Presidente.

Las pijoterías y corruptelas de sus antecesores son una cantera al parecer inagotable de insumos para el relato libertario.

Hasta ahora, no ha dejado de proporcionarle elementos para mantener en un segundo plano de la agenda pública la devastación social que pagó el promocionado superávit financiero del ministro Luis “Toto” Caputo.

La licuación de las jubilaciones financió la mayor parte de la hazaña.

La venalidad y la impericia de la casta son el ingrediente principal de la narrativa que le permite a Milei postular la degradación como un objetivo.

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