domingo 18 de octubre de 2026
De la pizarra a la carpeta

La resistencia escrita de las jóvenes de Singuil

Aclaración preliminar: En Catamarca, llamar "chinitas", o changos, a las juventudes es un modismo arraigado en el habla cotidiana que denota afecto, pertenencia y profunda ternura. Lejos de cualquier connotación peyorativa, en estas líneas se utiliza el término para reivindicar la calidez de nuestra identidad rural y el orgullo por nuestras jóvenes de Ambato.

El Valle de Singuil se asocia siempre al paisaje de cerros, quebradas, y al silencio del departamento Ambato. Pero la identidad de este rincón catamarqueño hoy se está escribiendo en presente. Así lo demostraron las (ex) estudiantes de la Escuela Secundaria Rural Nº1, al presentar su antología de producciones literarias “De la pizarra a la carpeta, mis pensamientos” en la reciente 18° Feria del Libro de Catamarca 2026.

Mirar este proceso de cerca exige salir de la comodidad del escritorio y hacer análisis in situ. Lo que estas chinitas lograron se entiende mejor si rescatamos a Malinowski y su obsesión por el trabajo de campo. Ese antropólogo que pedía registrar los "imponderables de la vida real", esa rutina que parece no decir nada, pero lo dice todo. En Singuil, las docentes Susana Cabrera y Patricia Varela hicieron eso; no trajeron recetas de afuera, sino que abrieron el aula para que las chicas miren su propio entorno. El resultado fue registrar los mitos de la siesta, las historias del Duende junto al fuego y el día a día entre los corrales y el río. ¡Profesoras, con todas las letras!

Mientras tanto, las jóvenes protagonistas de este hecho cultural, en distintas etapas de sus vidas, pero unidas por la misma pasión, son cinco. Zamira Emily Sosa, de tan solo 13 años, lo explica con una verdad que desarma: “La escuela me ayudó, porque sentí que era un lugar en el que me relajo, me siento segura... La escritura me permite seguir soñando”. A su lado, Samira Reartes (15 años) y Melany Cedrón (17 años) se animaron a romper moldes y meterse con géneros complejos como el terror, el suspenso y la poesía.

Pero el impacto de este semillero trasciende la etapa escolar y se consolida en la adultez. El proyecto abraza también a sus ex estudiantes, quienes hoy, a pesar de las responsabilidades adultas, el trabajo y los quehaceres diarios, siguen firmes en el camino de las letras. Es el caso de Débora Reartes (25 años), quien se encuentra escribiendo una novela autobiográfica basada en su experiencia como madre adolescente; un relato durísimo cargado de palabras emocionantes y de una profunda reflexión social sobre ese flagelo. Asimismo, Érica Bargas (29 años), quien ya cuenta con su propio libro vinculado a poesías, continúa, hoy, avanzando con nueva bibliografía. Ambas, siendo mamás y trabajadoras, demuestran que la literatura en Singuil no es un pasatiempo de temporada, sino una elección de vida.

Este ejercicio de producción tiene un valor enorme en los tiempos que corren. El sociólogo Zygmunt Bauman explicaba que vivimos en una Modernidad Líquida, donde todo es volátil y un sistema contemporáneo cambia a cada minuto. En medio de esa corriente donde nada dura, el libro de estas chinitas funciona como un ancla. El objetivo de fondo de su trabajo es que algo quede plasmado y registrado para las futuras generaciones, que la memoria y las vivencias del pueblo no se desarmen con el próximo clic.

Esta realidad golpea directo en la subjetividad de los jóvenes de hoy, a quienes se suele etiquetar a la ligera como la “Generación de Cristal”. Desde la psicología, autoras como Sofía Calvo invitan a dar vuelta este concepto. Estas chinitas no son frágiles por debilidad; son de cristal porque son transparentes. Tienen la valentía de mostrar la ansiedad, el malestar, las exigencias sociales y las complejidades de la vida real sin las caretas de antes, usando la literatura como un colador para procesar lo que les pasa por dentro en un mundo que aturde.

Ver a las (ex)estudiantes de la escuela rural defender sus textos en el Predio Ferial (logrando captar la atención y conmoviendo a un público que las escuchó en completo silencio) corta con cualquier prejuicio. Tomaron la palabra en primera persona para domar el caos de la época y dejar una huella firme. Nos toca a nosotros, como adultos y como provincia, aprender a escuchar a estas chinitas con la misma seriedad con la que ellas se sentaron a escribir su propio destino.

Texto y Fotos: Gentileza de Leandro Sergio Tua

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