Para un joven que contempla desde el interior de Catamarca el anhelo de un título universitario suele percibirse como una cima inalcanzable. Antes de rendir el primer examen, el sueño del título choca de frente contra un muro de realidad: el desarraigo. Dejar el lugar donde uno creció para sumergirse en la capital catamarqueña exige enfrentar obstáculos económicos que muchas familias no pueden sostener, con gastos de alquiler, alimentos y transporte que transforman la educación en un privilegio de pocos.
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La Residencia Universitaria de Catamarca acorta distancias para los estudiantes
La residencia alberga a decenas de alumnos de Catamarca, otras provincia y países limítrofes, ofreciéndoles un lugar donde vivir, estudiar y sentirse acompañados en su camino al título.
Esta urgencia social es la que visibilizó la Universidad Nacional de Catamarca (UNCa), impulsando una respuesta institucional que entiende que sin techo no hay un futuro educativo. Fue en 1987 cuando, tras conocer las demandas de los jóvenes, nació la Casa del Estudiante Latinoamericano.
El nombre no es casual: desde sus cimientos, la institución fue concebida como un refugio “para estudiantes de escasos recursos, provenientes del interior catamarqueño, de otras provincias y de países extranjeros para que puedan iniciar, continuar y finalizar sus estudios universitarios con las comodidades socio-ambientales básicas”, según expresa en su página oficial (www.unca.edu.ar/residencia). Habitar en la residencia es mucho más que tener un lugar donde dormir: es un ambiente de acompañamiento 24/7. El espacio cuenta con habitaciones compartidas con baño privado, cocina-comedor climatizada, salas de computación y de estudio con conectividad WiFi, lavadero y patio externo. Además, se ofrece a los estudiantes el servicio de salud universitario y la participación gratuita en cualquier disciplina ofrecida por la Dirección de Deportes Univesitario.
Al recorrer los pasillos se mezclan las tonadas. Adrianez, que llegó desde la ciudad boliviana de Tarija para estudiar Derecho, detalló: “No me esperaba un lugar tan amplio y equipado, tiene todo lo que se puede necesitar para estudiar”. Otra compañera de la ciudad peruana de Abancay, que estudia Administración, afirma que el espacio le parece “muy bueno”.
Para los catamarqueños, el impacto es igual: Joel Cativa, de Rosario de Colana (Pomán), y Jennifer, de Icaño, encuentran en la residencia un lugar seguro: “Para mí se volvió mi segunda casa, literalmente fue una contención", explica Jennifer al recordar el choque de llegar a un lugar desconocido.
El éxito de la Casa del Estudiante Latinoamericano ya se refleja en varias historias: Karen Berrondo, hoy Profesora de Biología, llegó a los 17 años desde Icaño, sin un solo conocido en la Capital. “Yo logré conocer la universidad y entrar en la carrera gracias a este lugar”, asegura, reafirmando que la residencia fue la única puerta que permaneció abierta para ella.
Para ingresar a la residencia, la UNCA realiza un proceso de selección donde la evaluación socioeconómica es prioritaria, buscando que el beneficio llegue a quienes realmente no podrían costear un alquiler privado. Los aspirantes deben ser alumnos regulares o haber finalizado el curso de ingreso, demostrando así su compromiso académico. La gestión se realiza de forma online a través del sistema SIU Guaraní, según explicó la secretaria de Bienestar Estudiantil de la UNCa, la licenciada Anahí Soria.
La Residencia Universitaria no es solo un edificio: es la herramienta que asegura que el destino de un estudiante no esté marcado por su lugar de proveniencia, sino por su esfuerzo y el sueño por ese título.