lunes 8 de agosto de 2022

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Cara y Cruz

La rapiña de Livent

La denuncia por subfacturación que hizo la Dirección Nacional de Aduanas contra la litífera...

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12 de julio de 2022 - 00:25

La denuncia por subfacturación que hizo la Dirección Nacional de Aduanas contra la litífera Livent remacha el clavo del fraude que empezó a destapar la Agencia Recaudadora de Catamarca y explica la velocidad con que la firma se allanó a pagar los casi 200 millones de pesos, 500 mil dólares para el hospital de Antofagasta de la Sierra por lo que le rapiñó al Estado catamarqueño.

El Ancasti informó el 28 de mayo que la Livent había facturado el litio exportado a un precio 843% por debajo del que había declarado el litio jujeño: 6,41 dólares el kilo el 30 de abril, contra 54,07 del mineral extraído de Jujuy.

Las cifras confirmaban la materialización de una maniobra sobre la que este diario venía advirtiendo desde que el gobierno de Lucía Corpacci reformuló el contrato con la empresa en 2016: que la filial provincial subfacturara las ventas a su casa matriz y de esta manera eludiera el pago de los tributos y regalías provinciales que comenzaban a calcularse precisamente sobre la facturación.

El Gobierno, por su parte, comenzó a monitorear las cuentas cuando tuvo que solventar en agosto del año pasado el fideicomiso, debido a que Livent no había depositado lo que le correspondía alegando perjuicios sufridos por la pandemia. Curioso, porque el precio del litio se había disparado precisamente en el 2020 de la peste y la multinacional había experimentado rentabilidades extraordinarias.

La Aduana descubrió un fraude gigantesco, perpetrado a través de 403 operaciones de exportación, cuyos valores declarados para salir del país fueron hasta un tercio de lo que declararon otras firmas por productos similares, con “distintas destinaciones pero siempre facturadas a una empresa del mismo grupo económico con sede en los Estados Unidos. Una triangulación que no siempre es ilegal a excepción de que se declare por un valor inferior al real”.

"Ante la Aduana, se declaró que la mercancía tenía un valor de u$s 5,10 el kilogramo, es decir unos u$s 5.100 por tonelada. Sin embargo, los valores reales oscilaban en el rango de los u$s 15.000 a u$s 16.000 dólares por tonelada. Eso, incluso, fue declarado por la propia compañía en el exterior al afirmar, en 2018, que con esos valores últimos para sus transacciones, la firma había sido rentable para sus accionistas. Entonces, los precios declarados por la empresa exportadora con sede en la provincia de Catamarca resultaron en un promedio entre el 102% y 121% más bajos que los de otra firma de similares características con asiento en la provincia de Jujuy. Para esto, también se lo comparó con mercancía similar puesta en la Aduana de Chile y con datos provistos por la Secretaría de Minería de la Nación, que coincidían con los de la firma competidora”, dice el informe de la Aduana.

“Se desprende que los precios de transacción declarados se encuentran influenciados por la vinculación entre las partes ya que no cumplen la condición de ser valores corrientes”, añade. Más típico, imposible. Es exactamente la maniobra sobre la que El Ancasti advirtió.

De este modo, Livent le robó al fisco nacional nada menos que 8 millones de dólares en impuestos aduaneros entre 2018 y 2019. Sumados a la multa, debería pagar un total de 7.700 millones de pesos, que podrían dolarizarse para reforzar las reservas de divisas siempre al borde del colapso del país.

Esta es la verdadera minería “extractiva”, la del saqueo, la que debe erradicarse.

En el caso de Livent, se suma el adicional de la traición a la confianza depositada en ella por el Estado de Catamarca, que la benefició con múltiples ventajas.

La denuncia de la Aduana es un hecho nuevo que modifica la situación acordada por la deudas con la provincia, porque ARCA monitoreó desde que fue creada, en 2020, y las subfacturaciones comprobadas ahora son de 2018-2019.

Cebada, la litífera llevó su angurria al paroxismo.

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