El interrogante sobre la capacidad de sostener la integridad del voto de Juntos por el Cambio después de las primarias entre Horacio Rodríguez Larreta y Patricia Bullrich suma en Catamarca ingredientes adicionales.
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La ola previa
Las expectativas de beneficiarse con la inercia de una victoria nacional aplastante que tenían las terminales opositoras locales se atemperaron con el equilibrio que introdujo la candidatura presidencial de Sergio Massa consensuada entre albertistas y kirchneristas, pero la hipótesis de la ola incorporó otro elemento con la paridad entre Rodríguez Larreta y Bullrich. El impacto previo que tendrá el resultado de ese litigio en las playas del Juntos por el Cambio provincial no había sido suficientemente considerado. O lo que es lo mismo: no había sido suficientemente considerada la incidencia que podrían tener las discordias metropolitanas en la dinámica del reacomodamiento de Juntos por el Cambio posterior a las PASO, desplazada del foco de análisis por el entusiasmo que producía un triunfo nacional que se consideraba en el buche.
La incógnita sobre el comportamiento de los electorados de Larreta y Bullrich y de la disposición de ambos dirigentes a digerir sus eventuales derrotas para unificar esfuerzos en las batallas definitorias de octubre y el balotaje de noviembre se traslada a la escena provincial, donde el domingo de la semana que viene se definirá el liderazgo de la oposición catamarqueña entre los sectores que postulan como precandidatos a la Gobernación a Rubén Manzi, por el larretismo y Flavio Fama, por los patricios. Es una disputa que la interna radical no pudo saldar porque la UCR perdió su tradicional rol de articuladora electoral de la oferta antagonista al peronismo.
Conjeturas
La pregunta es de cajón ¿Colaborará el bando que salga derrotado con el ganador para competir contra el Gobierno en octubre?
Los recelos son lógicos. Si el ganador de la interna lograra acceder al Gobierno, abriría un nuevo ciclo político en Catamarca y los márgenes del perdedor se verían definitivamente anonadados. De lo contrario, quedaría como interlocutor principal del Gobierno peronista, aunque mellado por no haber conseguido un triunfo. Mientras más mellado, mejor, razonan en algunos círculos: el proceso para la cobertura de los liderazgos vacantes que dejaron Eduardo Brizuela del Moral y Oscar Castillo se prolongaría si Juntos por el Cambio continúa siendo oposición en la Provincia.
Esto explica la prudencia con que los contendientes se vienen manejando en términos generales. No les conviene herir susceptibilidades, porque si la ola nacional finalmente se forma en las generales habrá que gestionarla para potenciar su repercusión a nivel local.
El ganador de la interna deberá sostener, o generar, la expectativa de triunfo, para lo cual le resultará indispensable el concurso del rival derrotado.
Si no lo consigue, las posibilidades de una catástrofe como la de 2019 empezarán a cobrar fuerza, por muy complicado que esté el Gobierno nacional.
Incertidumbre
La incertidumbre es mayor porque Unión por la Patria se ha enfilado sin fisuras bajo las candidaturas a la reelección de Raúl Jalil y Gustavo Saadi, unidad que robustece las ventajas que de por sí tiene todo oficialismo en Catamarca.
Hay un solo registro histórico de Gobiernos desplazados por el voto en la provincia, que es el protagonizado por Lucía Corpacci en la Gobernación y Jalil en la Intendencia capitalina en 2011.
El rol jugado por la Casa Rosada en aquel entonces tuvo importancia central no tanto por la remanida ola, que entonces era de filiación kirchnerista y venía reforzada por la muerte reciente de Néstor Kirchner, sino por las gestiones que debieron hacerse para bajar de la competencia a la lista del PJ y combinarla con la del Frente para la Victoria.
Otro escenario hipotético que las facciones opositoras empiezan a barajar es el de un resultado cruzado: que el ganador local no se corresponda con el nacional. Manzi en Catamarca, Bullrich en la Nación, o al revés.
En las enrevesadas cabezas políticas, proverbialmente paranoicas, las especulaciones se proyectan hacia el botín de las delegaciones de los organismos nacionales y la eventual disposición de Larreta o Bullrich, si es que llegan, a cederlos a los ganadores en la provincia si pertenecen al bando contrario. Es una inquietud de primer orden si Juntos por el Cambio no consigue arrebatarle el Gobierno a Jalil.
Tarea pendiente
El sector que se imponga en la PASO tendrá por delante, de tal modo, el desafío de construir su liderazgo más allá del modo en que finalmente se mezclen las listas legislativas. Es una tarea de importancia capital para movilizar un padrón aletargado y renuente, más compleja por la dispersión que se produjo en el radicalismo provincial después de las internas.
La resolución de la crisis de la UCR quedó postergada y comenzará a desandarse en un contexto nacional donde el partido, al revés de lo que ocurre en Catamarca, se reposiciona y gana consistencia dentro de la alianza con el PRO y la Coalición Cívica. Este fenómeno también tendrá su incidencia en las tratativas locales posteriores a las PASO.