Las críticas de la antropóloga Rita Segato a la minería impactaron en una escena donde las objeciones...
Las críticas de la antropóloga Rita Segato a la minería impactaron en una escena donde las objeciones del ambientalismo comienzan a hacer sinergia con sospechas de enjuagues económicos acentuadas por la sombra de una figura vidriosa y controversial: el exministro del Interior José Luis Manzano, célebre autor de la frase “Robo para la Corona” que dio nombre al best seller político sobre la corrupción de los ’90 de Horacio Verbitsky.
Prestigiosa intelectual y activista del feminismo, Segato vinculó a la minería “extractivista” con la violencia y las políticas de sometimiento, tras ser distinguida como Doctora Honoris Causa por la Universidad Nacional de Catamarca.
“El abordaje extractivista que mira al paisaje como cosa muerta, como cantera, como pura mercancía, enseña a mirar de la misma forma el cuerpo de las mujeres, como cosa, como cuerpo cosa. No hay mina sin prostitución y sin trata”, sentenció luego de cuestionar las relaciones de la UNCA con las mineras.
“Al escuchar el relato de los primeros impulsores de la UNCA tuve la certeza de que ninguno de sus creadores podría imaginarse que luego la UNCA pactaría con los desmoronadores de sus paisajes, con quienes les secuestrarían y envenenarían sus ríos, aguadas, surgentes y ojitos de agua”, dijo.
Sus conceptos impregnaron de antiminería el Congreso Latinoamericano de Humanidades de Ciencias Sociales, evento central entre las celebraciones por el medio siglo de la UNCA en las que ella, por decisión unánime de la casa de altos estudios, era a su vez figura estelar.
El rector Oscar Arellano y el decano de la Facultad de Tecnología, Carlos Savio, expresaron su desacuerdo con la doctorada y destacaron la pluralidad que permite expresiones tan disonantes con lo que sería postura mayoritaria de la institución.
El episodio, no obstante, desató una polémica que por el momento se desarrolla en sordina, con la Facultad de Humanidades y los organizadores del Congreso como epicentro.
En discusión
El debate es de lo más saludable y resulta auspicioso, con rispideces y todo, que se despliegue en la UNCA, entre cuyas intenciones fundacionales se cuenta, como recordó Arellano, la de contribuir al desarrollo minero catamarqueño.
El estímulo a la controversia que significó la intervención de Segato constituye en este sentido un hito, porque la UNCA mantuvo empecinado silencio mientras quienes administraban el Estado provincial dilapidaban en clientelismo, corruptelas y obras tan faraónicas como superfluas la multimillonaria renta proveniente del yacimiento Bajo La Alumbrera.
Las ideas de Segato no son incuestionables. Sintonizan con discursos contrarios a la actividad que vienen circulando en una polémica que cada tanto escala en su tensión, incluso con picos violentos, pero la pensadora marcó un matiz con el fundamentalismo antiminero.
“Sé muy bien que el camino es anfibio, que algo hay que comerciar con el mundo, pero con límites muy precisos, sin robarle nada a su gente, a su calidad de vida. Cuando el mineral se acaba la gente queda sin nada y ya no existirán los saberes que hagan posible la vida en la región”, advirtió en lo que quizás haya sido el párrafo más oportuno de su exposición, porque Catamarca se dirige decididamente hacia la explotación del litio.
El problema para los promineros radica menos en los argumentos que en el prestigio de quien acaba de desacreditarlos, que no solo es intelectual o académico.
Segato es, sobre todo, una referencia ética, terreno en el que ya resulta más arduo oponerle razones desde un bando en el que la única litífera en explotación de la provincia, Livent, enfrenta acusaciones por subfacturar su producción en perjuicio del fisco y se extienden las dudas sobre el manejo del fideicomiso que se financia con sus contribuciones.
En ese contexto emergen las ambiciones de Manzano. Para no desperdiciar el enriquecedor aporte segatista, se trata de un “anfibio” de la política y los negocios.
Patente de corso
“Robo para la Corona”, acierto literario de Manzano, resume una concepción de la política que se remonta a las patentes de corso que los soberanos otorgaban para piratear al amparo de sus banderas. Los corsarios se quedaban con una tajada de lo que, justamente, robaban para las coronas que los protegían, al modo de, por caso, el exsecretario de Obras Públicas José López. Y quien hace buches, se dice, algo traga.
El inglés Francis Drake es el personaje emblemático de esta práctica. Ya que Segato habla de colonialismo, los enemigos del Imperio Español la instrumentaron para rapiñar las riquezas extraídas de América Latina en tiempos de la Conquista. Una saga legendaria.
Las ambiciones en la explotación de litio de Manzano, quien no tenía problemas en asumirse corsario, cobraron mayor visibilidad tras la asunción como ministro de Economía de Sergio Tomás Massa. El exministro y su socio, Daniel Vila, asistieron a la ceremonia con otros importantes empresarios.
La herramienta de Manzano para tirar el anzuelo en el prometedor negocio litífero es la empresa Integra, con la que tiene pisadas propiedades mineras en el triángulo del noroeste.
En Catamarca, asociada en “Catamarca Lithium” con Latin Resources, de la que es accionista individual más importante, la firma de Manzano alienta proyectos en la zona de cordillerana y en Ancasti.
Las incursiones de sujeto tan famoso en provincia se han mantenido en una reserva inusual, teniendo en cuenta el impulso promocional que el Gobierno insufla a todo lo que tenga que ver con el litio y sus proyecciones. La discreción es indicio del blindaje que le facilitan respaldos catamarqueños bien conectados.
Al contrario de lo que ocurre con los chinos, gente más bien anónima, la celebridad de Manzano se alza inconveniente. Su sola mención basta para entintar de sospechas cualquier escenario. Consecuencias de la fama de corsario que lo persigue y que se conjuga con las dudas que la oposición comienza a sembrar en torno a la administración del fideicomiso alimentado con los recursos de Salar del Hombre Muerto para ensombrecer un eje central de la política del Gobierno.