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La Liga de Gobernadores tras el voto moderado

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22 de marzo de 2022 - 02:05

Por Ignacio Zuleta

Publicado en Clarín el 19 de marzo

La batalla del FMI ha dejado como resultado un gobierno en estado gaseoso -a merced de los venteos-, y un peronismo en estado líquido -se escurre para huir de las derrotas con la inteligencia de las acequias- de bajada y por pendiente más barata.

Lejos, bien lejos, de la batalla final en el Senado, los gobernadores peronistas discutieron en los palacios de Abu Dhabi y Dubai el intento de recuperar estado sólido con la recreación de lo que ha sido el peronismo desde los años '80: una liga de mandatarios provinciales. Así enfrentaron la transición, remontaron la derrota con el radicalismo, recuperaron el poder en la década menemista y después en el decenio de la familia Kirchner.

En aquellas comarcas orientales, que se han convertido en el hub aéreo y naviero más importante del mundo, tuvieron tiempo para recomponer el cuerpo después de las derrotas del 14-N y del FMI en el Congreso, en donde Elisa Carrió impuso su estrategia.

Lejos de miradas indiscretas, conversaron durante varios días sobre el futuro de su fuerza. Ninguno de los protagonistas dará detalles. Pero ya hablaron de convocar a una cumbre nacional de gobernadores del peronismo para pactar un futuro mejor.

El eje de la convocatoria son los mandatarios que integran el grupo del Norte Grande, que incluye al radical Gerardo Morales, testigo mudo, pero no sordo, de los cabildeos de sus colegas peronistas Jorge Capitanich, Gerardo Zamora, Ricardo Quintela, Raúl Jalil. El objetivo es reconciliarse con el voto moderado, un camino que se aparta del programa cristinista del peronismo del AMBA según una receta que les rinde en sus distritos. Después de todo, hacer política en el siglo XXI es tirar hacia el centro.

"Creciste el 10%, igual perdiste las elecciones"

Habían viajado para asistir la feria de Dubai. Les sirvió que Alberto Fernández se bajase de la comitiva, porque el debate sobre el futuro del peronismo no lo incluye en ningún escenario.

El diagnóstico de ese grupo es que es muy difícil que Alberto pueda remontar su gestión. Tampoco que pueda pretender su apoyo para un nuevo turno electoral. La frase más cruda que se escuchó fue: "Creciste el 10%, igual perdiste las elecciones". Una obviedad: es la política, no la economía.

La unidad, virtud de la alianza en 2019, no basta. También coinciden en un bosquejo de estrategia, contraria a la del peronismo del AMBA: disputarle a Juntos por el Cambio el voto moderado.

La base es una descripción a la que le ha puesto letra Capitanich: la Argentina ha mostrado una sólida base institucional desde 1983. En 2023 se cumplirán 40 años de estabilidad, el período más extenso de la historia del país. El sistema político ha pasado de un bipartidismo clásico en 1983, a una polarización entre dos coaliciones -lo que son hoy Juntos por el Cambio y el Frente de Todos- cuyos destinos se juegan en la capacidad que tengan de capturar el voto moderado.

Este diagnóstico exige una estrategia que en el ciclo actual le ha servido a JxC y ha perjudicado al Frente de Todos. El peronismo que asumió en 2019 se empeña en atacar al voto moderado que sostiene a JxC en todas las elecciones y le ha permitido ganar en 2019, aun perdiendo en la categoría presidencial en 5 de los 7 distritos más grandes de la Argentina. Esta estrategia tiene un argumento sólido que es mostrar cómo se gobierna en las provincias.

Ninguno de los mandatarios del peronismo se sale del camino de buscar el apoyo del voto moderado. Con eso son reelegidos, tiene superávit fiscal, son fuertes para negociar fondos con los Kirchner, Macri o los Fernández. ¿Por qué arriesgar su destino jugando con los delirantes antisistema que los llevaron a la derrota del 14-N?

La batalla inútil contra los fondos de Larreta

Los gobernadores del Norte Grande tienen el compromiso de reunirse el 8 de abril en Salta. Allí el peronismo le pondrá fecha y lugar a una cumbre nacional para rearmar una estrategia de acercamiento al voto moderado, lejos de lo que ha hecho hasta ahora el peronismo del AMBA.

El trío Alberto-Massa-Cristina emprendió en 2019 el ataque contra las rentas del gobierno de Horacio Rodríguez Larreta en la Ciudad de Buenos Aires. Era para sacarle votos. Causó lo contrario, los candidatos de JxC hicieron una gran elección.

Si el criterio de que hay que buscar el voto moderado se impone en la liga de gobernadores como clave para el 2023, quedará confirmada la percepción de la mayoría de los dirigentes del interior, en el sentido de que el peronismo va más hacia un eje de centro, como el que representa el Peronismo Republicano dentro de JxC, y no hacia el cristinismo antisistema del Instituto Patria, que se expresa en la frase de la ministra de la Mujer: "Lo que falta es cambiar la matriz de la sociedad” (Gómez Alcorta, sonata del 2 de marzo pasado, cuando intentó caracterizar responsabilidades en una denuncia contra violadores en manada).

El camino del medio

En aquellos saraos orientales de las mil y una noches se habló de política. Los gobernadores del peronismo federal –el Norte Grande, club de una decena de gobernadores– ven una oportunidad en el ocaso del cristinismo, consecuencia de la batalla del FMI.

Nadie contará mucho de lo que hablaron, salvo que fue un primer contacto después de la crisis del oficialismo. El lema: ¿no hay espacio para que el peronismo y el radicalismo ensayen algún camino común sin la sombra del cristinismo?

Ninguno de los participantes ha querido dar más señales de lo que piensan. “No voy a decir nada de lo que hablamos o lo que no”. Morales es un interlocutor frecuente del peronismo, como socio en 2015 de Sergio Massa. Por el otro lado, a Juntos por el Cambio se les viene un nuevo Gualeguaychú, que fue un debate sobre sus relaciones con el peronismo, que consolidó la estrategia ganadora de Cambiemos en aquel año.

El cisma peronista paraliza al Congreso

La pelea interna entre las tribus del oficialismo vuelve a congelar la actividad del Congreso. Despertó por un instante para el discurso de Alberto el 1° de marzo. Después han tenido que "paletearlo" -como en las emergencias cardíacas- para la aprobación del acuerdo con el FMI. El costo de esa faena ha sido altísimo para el gobierno, que ha visto quebrados los dos bloques del Congreso por su actitud ante el acuerdo.

Como en 2016, a poco de ganar Cambiemos las elecciones con Macri-Michetti, de nuevo el peronismo de Diputados tiene dos bancadas. Una, mayoritaria, es la que conduce Germán Martínez, peón de Agustín Rossi e impulsor del santafesino para algún cargo notable del gabinete.

Cubre su falta de densidad con el respaldo de Sergio Massa, que maneja hoy el interbloque "de facto" que integran con la bancada minoritaria de Maxi Kirchner. En la suma están 89 peronistas contra 30 cristinistas, a ojo de buen cubero.

Este cisma contamina la negociación de los cargos en las comisiones, que se reparten aplicando el sistema d'Hondt de representación. Como se ha roto la affectio societatis en el Frente de Todos, los disidentes reclaman entrar con esa identidad en el bolillero. Hasta que eso no ocurra, no habrá comisiones. Y sin comisiones no hay contratos de asesores, ni tampoco posibilidad de aprobar dictámenes de proyectos de ley.

Cuando sobrevino el Covid no era imaginable una desgracia mayor para la vida legislativa. Pero esta pelea dentro del peronismo es más grave porque no se arregla con virtualidades.

Máximo valía 30; Cristina, apenas 11

En el Senado la votación del jueves del acuerdo FMI también mostró que también allí hay interbloque entre dos bancadas. Una es la que conduce José Mayans, la mayoría.

El padrino de Mayans es Gildo Insfrán, presidente del Congreso del PJ. Como gobernador hubiera sido una víctima de un default, que los senadores federales, ligados a los jefes territoriales, han logrado neutralizar.

El otro, hasta que se formalice la división, tiene como conductor al dúo Sagasti-Parrilli, que actúan desde el despacho de Cristina. Son el grupo del No al acuerdo FMI. La pequeñez de ese sector quedó al desnudo en el resultado de la votación: el cristinismo juntó 11 votos fieles, sobre un total de 58 presentes, para rechazar el acuerdo con el FMI.

Este cisma también en el Senado demora la integración de comisiones. La sesión del jueves dio una muestra de la falta de organización de la vida legislativa. Nuclea a sectores no ligados a administraciones provinciales. Son los que no gobiernan -no serían víctimas de un default- gente del tipo Sagasti, Parrilli o Guillermo Snopek, todos oposiciones en sus distritos.

Valoran más el beneficio de un posicionamiento en su futuro, que el daño al interés público de una eventual cesación de pagos. Los gobernadores que viajaron a Dubai y Abu Dhabi participaron en rondas de negocios con los Reyes Magos, caciques de Medio Oriente que prometieron una lluvia de inversiones... después de que arreglen con el FMI.

Recibió el mismo mensaje Morales, en una escala en París en donde habló con la AFD (Agence Française de Développement) de inversiones en energía sustentable... para cuando arreglen con el FMI. ¿Cómo no iban a asegurar el voto de sus legisladores en favor del acuerdo?

Los contratos de la discordia

En la Cámara Alta también hay freezer para las comisiones. Con el agravante de que Cristina ordenó ya en diciembre la caída de muchos contratos de asesores de bloques de la oposición, sin consultar con las bancadas. Los heridos por esa medida ya han planteado en la justicia amparos que pueden reponerlos.

El clima en la sesión del jueves fue un retablo de esos desencuentros, con forcejeos pintorescos por la ubicación en el recinto. Faltaba lugar para algún radical y debió moverse el rionegrino Weretilneck para pacificar la tarde. La riojana Clara del Valle Vega, que entró en la cámara ligada a Juntos por el Cambio, pero que vota con el oficialismo, se declaró "independiente" y se negó a moverse del sillón.

El reparto de comisiones -que siempre fue una negociación política e institucional- ensayó nuevos caminos. "Qué bueno sería que te pongan a vos en Acuerdos, así en la mesa somos todas mujeres", le dijo la cristinista Fernández Sagasti a la larretista Guadalupe Tagliaferri.

Aires de acuerdo con Larreta

En un escenario lateral, oficialismo y oposición corren contra el tiempo que les impuso el poder más fuerte de la comarca, la Suprema Corte de Justicia.

El jueves se vieron las caras los delegados de Alberto y de Rodríguez Larreta para cumplir con la orden del Tribunal; que en 30 días lleguen Nación y CABA a un acuerdo alimenticio para terminar la guerra por los fondos, que le recortaron desde el gobierno peronista al distrito que controla el PRO, en la persona de su principal candidato a presidente.

En política la realidad se agota en lo fenoménico: este envión es lo que parece, un ataque a las rentas del distrito enemigo. En esa reunión los delegados intercambiaron señales de simpatía, como si hubiera una corriente que los alienta a llegar a un compromiso por esa plata, que es de los contribuyentes.

Larreta se puso corbata para ir a la Corte

La administración larretista está contenta con el resultado de la audiencia de Horacio y Wado de Pedro hace diez días, con los cuatro justices y un puñado de asesores.

El entusiasmo porteño se basa sobre percepciones de escenario: Wado leyó y Horacio improvisó, de memoria, con alarde de tener los números en la cabeza. Wado se esmeró con éxito en el uso de la palabra. Su forma de expresarse le da una ventaja. Quien lo escucha hace un ejercicio de paciencia. Y cuando los argumentos lo arrinconaban, le pasaba la palabra a Silvina Batakis.

Hubo otro detalle que da excepcionalidad al encuentro: Larreta se puso la corbata y dejó su disfraz de Kicillof (remera oscura de comando policial). Otro fue que los jueces, cuando escucharon a las partes, ordenaron un cuarto intermedio para decidir, como hacen los jurados de Master Chef. Al volver ordenaron el plazo de los 30 días. Si no, vamos a actuar. Frío por la espalda de Wado-Batakis por la eventualidad de que la Corte conceda la cautelar que se discute, y que la CABA recupere el goteo de fondos.

Hasta ahora parecían actuar según la creencia de que tratamiento judicial sería larguísimo y que el final iba perderse en el horizonte del futuro. La Corte puso un deadline, después de lo cual dictará un acto de gobierno, justo lo que dicen que siempre han buscado eludir. El envión y la coreografía, creen en Uspallata, los han ayudado en esta batalla. El grupo de negociadores se reúne este martes, pero ya discutieron con Larreta la posición que llevarán al nuevo concilio. Se vence todo el 8 de abril. Larreta apuró el debate interno antes de viajar a Alemania y España en gira de relaciones municipales. Somos todos intendentes, solía decir Eduardo Duhalde cuando éramos chicos.

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