Espinillo para los pulmones, tusca para curar las heridas, palo azul para los riñones, monte blanco para la gastritis, quimpe para el corazón y dolores de oído repasa el hombre antes de entrar a su santuario.
Espinillo para los pulmones, tusca para curar las heridas, palo azul para los riñones, monte blanco para la gastritis, quimpe para el corazón y dolores de oído repasa el hombre antes de entrar a su santuario.
Lisandro tiene aproximadamente unos cincuenta años, toda su vida vivió en Palo Blanco y entre sus rasgos se destaca su mirada: es penetrante, observa como indagando los secretos de todos. Es el curandero del pueblo, se murmura que a cambio de sabiduría le ha entregado el alma al diablo. Estas son solo conjeturas, lo que es una certeza es que maneja el arte de dominar a los que lo rodean y también, el de hacerse temer.
Buenos días niña Ludmila, sospecho el motivo de su visita expresó el curandero con un tono seductor.
Ludmila es una joven de veinte años. Ha nacido en Fiambalá, como sus hermanas, cuando llegó a la adolescencia partió hacia Buenos Aires. Hace unos días regresó para ver a su madre. Ayer fueron a Palo Blanco y al volver a la joven le emergió una mancha extraña en el brazo, por este motivo han retornado, para hacerle una consulta a don Lisandro.
Ludmila luce su cabello negro retinto, lo lleva corto y lo ondula a través del uso de ruleros por las noches. Don Lisandro se ha quedado prendado de ella y le ofrece una cura a cambio de que permanezca con él. La joven no acepta. Pero, al llegar a Fiambalá la mancha crece aún más y tienen que volver a verlo.
Para curarse de esa gripe prepare un quemadillo de la siguiente forma: busque una piedrita blanca en la acequia. Luego caliéntela en las brasas y cuando haya alcanzado una alta temperatura introdúzcala en un jarro que contenga azúcar y con la piedra quémela. A continuación agregue cáscaras de naranja y de limón y unas hojas de eucalipto. Por último haga hervir esta mezcla y tómela antes de acostarse, por varias noches seguidas, hasta que desaparezcan los síntomas indica don Lisandro a una señora que se la nota muy decaída, mientras Ludmila y su madre esperan para ser atendidas.
Por hechizo o por otro motivo, Ludmila nunca regresa a la gran ciudad y por miedo o por un amor inentendible se casa con don Lisandro y tienen un poco más de media docena de hijos. Ludmila es un cascabel que fue apagándose luego de desposarse y el hombre se volvió tan celoso hasta el punto de limitar su contacto con otras personas.
Cierta noche, don Lisandro se comporta de forma extraña. Hay quienes piensan que ese día se cumplió el plazo para entregar su alma al diablo y un hombre como él no concibe dejar una bella y joven esposa viuda. Sacan las camas para que los hijos duerman en el patio, están a fines de enero y el calor apremia. El matrimonio se queda en la habitación, de pronto un grito desgarrador se escucha en la noche.
Aurelio, Aurelio ¿escuchaste ese grito? musitó con terror Carmen.
Viene de la casa de Lisandro. No es nada bueno, mujer, ese grito parece salido del infierno le respondió su esposo y corrió hacia la vereda para oír mejor.
En el pueblo el silencio es intenso. Pero se ensucia con alaridos, con las voces desesperadas de niños y jóvenes que insultan al padre que acaba de apuñalar a su esposa y que de un disparo, también, terminó con su propia vida.
Vanina Reinoso: escritora catamarqueña nacida en Fiambalá. Actualmente se desempeña en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Catamarca. Su primer libro, Laberinto del corazón, lo publicó a los quince años. El segundo, Eneicos y otros poemas, data del 2013. Por su parte, la primera edición de Cuentos en la noche es del 2018. Entre sus últimas creaciones podemos citar Cuerpo desnudo sin posesivos y otros gritos (2020) y Con el cuerpo en la tierra y otros poemas (2023). Además, sus textos forman parte de antologías provinciales y nacionales.