El rol que jugó Raúl Jalil para que Unión por la Patria cierre fórmula presidencial única muestra la inserción que ha logrado en el esquema nacional, en el marco de la creciente incidencia que fueron ganando los gobernadores. Junto a su par santiagueño Gerardo Zamora, fue el encargado de transmitir al presidente Alberto Fernández la posición del conjunto de los mandatarios peronistas.
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La inserción de Jalil
El encuentro tuvo un desenlace inesperado para la mayoría, pues se produjo después del lanzamiento de la dupla Eduardo “Wado” De Pedro- Juan Manzur, respaldada por Cristina Kirchner para competir contra Daniel Scioli.
La impresión era que Jalil y Zamora presionarían sobre Fernández para que baje la oferta de Scioli. O sea: que eran los emisarios seleccionados para exigirle al Presidente que se resignara a una derrota sin dar pelea a manos del kirchnerismo.
Pero propusieron a Sergio Massa como prenda de unidad y Fernández aprovechó para colocar a Agustín Rossi como Vice. Se bajó Scioli, pero el kirchnerismo debió también recular y replegarse sobre la provincia de Buenos Aires, donde Axel Kicillof irá con de Pedro y Máximo Kirchner como candidatos a senador nacional y diputado nacional respectivamente.
Es una victoria de la Liga de Gobernadores que vino robusteciéndose a lo largo de la decepcionante gestión de Fernández sobre el eje metropolitano, más allá de que Massa sea bonaerense y Rossi santafesino. Jalil y Zamora fueron los Miguel Strogoff de un grupo que consiguió sostener consistencia en un contexto de fragmentación general e inestabilidad nitroglicerínica en la provincia de Buenos Aires.
La coordinación y armonía no fue tanta como para meter un candidato del interior, es cierto, pero sí para torcer decisiones que venían tomándose casi exclusivamente con perspectiva bonaerense, déficit que el kirchnerismo trató de disimular con Manzur.
El resultado de las Presidenciales está por verse, pero esta última maniobra exhibe un eje de poder sólido.
Con la excepción del chaqueño Jorge Capitanich, erosionado por el impacto del femicidio de Cecilia Strzyzowski, los caciques provinciales vienen ratificando sus liderazgos en las elecciones desdobladas. Es un handicap que a Jalil le falta todavía, pues decidió jugar su reelección junto con los comicios nacionales a pesar de la devaluación política de la Casa Rosada, pero la recompensa en términos políticos, si gana, será acorde al riesgo asumido.
Cristina Kirchner acusó el golpe. Utilizó el acto de recuperación testimonial de uno de los aviones utilizados en los tenebrosos “vuelos de la muerte” para destilar su decepción. Manoseo de la causa de los derechos humanos, nada nuevo, esta vez en clave de interna para tratar de bajarle el precio a la fórmula presidencial y darle relieve a la trama bonaerense.
No se privó de decirle “fullero” a Massa, que la escuchaba algo incómodo a su lado. En tono de broma, pero ya se sabe la funcionalidad que tienen los chistes para atenuar la ponzoña de sentimientos inconvenientes.
Sin reparos humorísticos, en cambio, le tiró toda la culpa por el accidentado cierre de listas a Fernández, por encapricharse con las PASO, y dedicó particular encono a la ministra de Desarrollo Social Victoria Toloza Paz, por osar pretender hacerle internas a Kicillof en Buenos Aires, y al canciller Santiago Cafiero. A ambos, subrayó, les dio puestos en las listas de diputados.
Obviamente, reiteró que está “proscripta”, que de otro modo ya verían Massa y sus promotores si llegaban a la candidatura.
Pirotecnia en el declive. Con Jalil y Zamora como arietes de la arremetida final, los gobernadores marcaron la cancha para la etapa que se abre con la crisis de la dicotomía kirchnerismo-antikirchnerismo.
Otros dedos empiezan a suplantar a quien fue el dedo mayor y excluyente del peronismo en los últimos tres lustros.