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Cara y cruz

La Iglesia facciosa

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13 de septiembre de 2022 - 01:10

El apoderamiento por parte del kirchnerismo de la misa por la paz realizada en la basílica de Luján es resultado de movimientos equívocos de la Iglesia Católica, desplegados con la connivencia del Papa Francisco, cuyas preferencias por la dirigencia cercana al vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner son cada vez menos disimuladas.

Es difícil creer que estos gestos sean producto de la inocencia, sobre todo si se considera la solvencia que mostró Jorge Bergoglio, por caso, en 2005, cuando sacó a jugar al obispo de Misiones Joaquín Piña en contra del entonces gobernador Carlos Rovira, en un plebiscito para consultar sobre la reforma de la Constitución de esa provincia e introducir la reelección indefinida. Piña encabezó la lista contra la pretensión y derrotó al mismo tiempo a Rovira y al presidente Néstor Kirchner, que evaluaba un éxito del mandatario como trampolín para proyectar su propio sueño de perpetuación.

La inquina kirchnerista que se disparó contra Bergoglio, que presidía la Conferencia Episcopal, fue de tal magnitud que por años los tedeums oficiales por las fiestas patrias se organizaron en cualquier punto del país menos en Buenos Aires con tal de restarle protagonismo al jesuita, táctica que no evitó que en 2013 lo consagraran Papa.

El disgusto inicial de los kirchneristas con la noticia se morigeró a las pocas horas para dar lugar a estrategias de acercamiento con el claro objetivo de sacar partido de la designación, cosa que consiguieron sin excesivos esfuerzos, hasta llegar a la fecha a relaciones lindantes con la complicidad en la que prelado máximo parece haber renunciado a sostener alguna ecuanimidad entre las dos facciones que agrietan la política nacional, cosa significativa en una sociedad donde la Iglesia tiene tanto predicamento.

Es improbable que el Papa, tan bicho como para notar a dónde apuntaba el plebiscito misionero y salirle al cruce, o jugar brutalmente contra la ley del aborto, finalmente aprobada al segundo intento, para condicionar al Congreso, no advierta el alcance político de las audiencias que otorga, cuya aplastante mayoría es kirchnerista. Ha recibido también a algunos opositores, pero estos encuentro son tan escasos que no hacen más que subrayar el número contrario.

La cúspide de esta legitimación es la designación del abogado y dirigente social Juan Grabois en el Discaterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral del Vaticano. Grabois es la cuña de Cristina en el universo de las organizaciones sociales.

Estos precedentes no sirvieron de advertencia al arzobispo Jorge Scheinig sobre lo que podría ocurrir con la misa celebrada el fin de semana en la Basílica de Luján para pedir por la paz y repudiar el atentado a Cristina. Con presencia exclusiva y excluyente kirchnerista, la ceremonia religiosa se convirtió en un mitin partidario tan grosero que el prelado se sintió en la obligación de pedir disculpas.

“Cuando el intendente de Luján me propuso hacer esta misa, le dije que sí. Pero fue creciendo la envergadura de la misa y yo quiero pedir disculpas. De verdad, lo quiero hacer de corazón, porque tal vez yo no invité por no querer hacer algo tan importante. Me equivoqué, metí la pata, como decimos”, se justificó.

Luego aludió al Sumo Pontífice.

“Ustedes saben que todas las iglesias siempre estamos dispuestas a dar una mano a la fraternidad, a la paz. El papa Francisco insiste tanto en la cultura del encuentro, eso es lo nuestro, porque el Señor nos enseñó eso: hay que juntarnos, tiene que haber fraternidad, así lo hizo Jesús”, recordó.

El Papa predicará mucho la cultura del encuentro, pero su agenda no la promueve, precisamente. El hecho de que la Iglesia no haya reprochado explícitamente la captura con fines facciosos de un acto que se postulaba por encima de las divergencias contribuye poco a modificar esta impresión.

Andrés “Cuervo” Larroque ya avisó que “habrá más misas” por Cristina.

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